Memorables: My Fair Lady

Resulta extraño que un filme como My Fair Lady no se encuentre entre los títulos más memorables de las páginas de internet. Supongo que, en esta época tan prosaica, el musical ha perdido el sentido evocador y mágico que tuvo en su momento. En cualquier caso, este filme es uno de los mejores de siempre.

En primer lugar, porque su guión está basado en Pigmalión, monumental obra teatral de George Bernard Shaw, maestro del aforismo y uno de los más brillantes creadores de diálogos de la Historia. Muchos se estrellaron a la hora de intentar de adaptarla para Broadway, porque pensaban que no era apta para un musical. Alan Jay Lerner, libretista y guionista, se limitó a respetar casi todos los diálogos y darle un final feliz. Así, la película es un ejemplo magistral de cómo deben hablar los personajes en una comedia con tintes románticos y una fuete carga crítica contra la sociedad británica.

Desde Lo que el viento se llevó, no se había hablado tanto de una película aún no estrenada hasta My Fair Lady, una costosa y complejísima producción que, al final, mostró los frutos del trabajo bien hecho.

De todos es conocida la polémica que rodeó a la elección de Audrey Hepburn como Eliza Doolittle en lugar de Julie Andrews. Que fue doblada en casi todas las canciones. Pero eso no quita que su interpretación fuese modélica, sobre todo cuando, al principio, maneja a su antojo el acento cockney. Tan bien lo hizo que Rex Harrison, compañero de Andrews en el estreno neoyorquino, al final afirmó que Hepburn era la mejor Eliza Doolittle.

Por su parte, Harrison hizo una de sus mejores papeles como el profesor Higgins. Como él no cantaba sino que interpretaba sus canciones, no había manera de doblar su voz en el estudio. Para superar dicha traba, en My Fair Lady se usó por primera vez en el cine un micrófono inalámbrico escondido bajo la corbata.

Eliza y Higgins son solo dos de los maravillosos personajes de esta peli. Todos los secundarios son memorables, empezando por el padre de Eliza, ejemplo de sentido común popular, y terminando por el coronel Pickering.

A ello se une una magistral banda sonora con canciones llenas de mensaje y otras simplemente bellas. Si a eso unimos un espléndido ejercicio de dirección artística y fotografía, nos encontramos con una película espléndidamente estética. Todo ello al servicio del genial George Cukor.

Pero, insisto, lo mejor de My Fair Lady son las palabras de George Bernard Shaw, aquí mejorado con un improbable final pero que deja buen sabor de boca. Y, después, ese maravilloso elenco que nos hace reír, llorar y bailar, un reparto magistralmente comandado por Audrey Hepburn, en uno de sus mejores papeles aunque no la dejasen cantar.

P.S.: Audrey Hepburn, incapaz de llegar a las notas más altas, fue doblada en casi todas las canciones por Marni Nixon. Sin embargo, nos queda este ejemplo de lo que podría haber sido la película con su voz.