El paraqué

Si se lee la entrada dedicada a Paco de Lucía en la wikipedia en inglés, aparte de un artículo muchísimo más extenso y completo que su equivalente español (1), te encuentras con elogios de todo tipo, incluido uno de Eric Clapton afirmando que “fue una figura titánica dentro del mundo de la guitarra flamenca”. De Lucía fue un genio universal, un guitarrista único que alcanzó la excelencia desde el trabajo constante y riguroso.

Paco de Lucía nos ha dejado y ha sido plenamente reconocido por nuestros medios de comunicación. España sabe rendir homenaje a los que acaban de morir. Otra cosa es qué ocurre más adelante. Lloramos el fallecimiento pero prescindimos del legado de nuestros más ilustres ciudadanos.

Quería, empero, hablar de otra cosa. Charlando de la noticia con adolescentes de 13 a 18 años, un preocupante porcentaje jamás había oído hablar de Paco de Lucía. A otros apenas les sonaba el nombre. Y solo unos pocos habían escuchado su música, generalmente aquellos que también tocan instrumento, ya sea la guitarra, el piano, la viola o el clarinete.

Ya en vida, entre los jóvenes, Paco de Lucía había tornado en figura marginal. Y es que la cultura general, el saber un poco de todo, el comprender dónde vivimos y quiénes somos, ha tornado en algo perfectamente prescindible. En esta cultura (?) de lo inmediato poco importa que un músico hubiese alcanzado la gloria nacional y universal. ¿Para qué, si después de todo también había de desaparecer en este maremágnum de trillones de datos poco o nada ordenados?

Hace unos días vi un vídeo que alguien había colgado en Facebook. Ante unas preguntas facilitas, varios jóvenes no sabían cuál era el nombre de pila de Franco, desconocían los colores de la bandera de la República e, incluso, tenían el valor de afirmar que la Guerra Civil había finalizado en 1992.

Ya he afirmado en infinitud de ocasiones que el principal problema de nuestro malestar educativo es el clima social. La sabiduría, el conocimiento, son valores en desuso. A eso contribuye enormemente ese sistema educativo que prima la igualdad por abajo y que apenas hace nada por que los alumnos relacionen datos, deduzcan cosas o desarrollen conceptos, ese sistema al que la LOMCE tan solo pretende darle una vuelta sin atacar de raíz los males esenciales.

Al final, después de unos cuantos años dándole vueltas al asunto, todo se reduce a que ahora lo que importa es el “Para qué” de las cosas. ¿Para qué sirve esta ecuación? ¿Para qué aprender quién fue Napoleón si no me va a servir en mi vida profesional? ¿Para qué hacemos un redacción si no quiero trabajar en nada que conlleve escribir cosas?

Así nos va. Paco de Lucía desaparecerá en la noche de los pocos marginados que admiramos su música y el mundo seguirá adelante con seres cada día más aborregados, pragmáticos y asilvestrados en su escaso desarrollo cerebral. ¿Para qué cambiar las cosas? A partir de la aplicación de la nueva ley, el asunto cambiará a peor: ¿Para qué? Para aprobar la próxima reválida.

Pero que sea muy facilita, por favor. Aunque apenas sepa leer, sumar o pensar, yo también quiero tener mi título universitario.

(1) He abandonado el español como lengua vehicular en wikipedia. Da pena qué flojas, cortas y pésimamente traducidas son sus entradas en castellano.

dmago2003@yahoo.es