Robocop 2014

Probablemente lo mejor de la trilogía de ciencia ficción de Paul Verhoeven -”Robocop”, “Desafío total” y “Starship Troopers”- era la crítica que se hacía a partir de los informativos y anuncios televisivos que, desde la sutileza, resultaban extrañamente premonitorios, y que han ganado en agudeza y lucidez con el paso de los años. Esas tres pelis, pura acción en apariencia, se enriquecían gracias a la crítica velada contra la sociedad de finales del siglo XX.

Por alguna extraña razón -no encuentro otra que el avance tecnológico de los efectos especiales- han decidido hacer un remake de “Robocop” tan solo 27 años después de su primera versión, que supuso un revulsivo en cuanto a efectos y que, en conjunto, era una espléndida película de aventuras y ciencia ficción. Por tanto, esta segunda entrega de la misma película es completamente superflua. ¿Tan mal andan de ideas en Hollywood?

La segunda versión de “Robocop” cuenta prácticamente la misma historia. Aquí el prota no llega a morir ni a olvidar a su familia, pero en el fondo es la misma trama con distinto ropaje. Solo que más grueso. Aquella crítica con la que Verhoeven supo adornar su filme a partir de pequeños detalles en aparente segundo plano, aquí se han convertido en un panfleto obvio y tosco del imperialismo yanqui. Ni siquiera han parecido plantearse en serio la presentación de una posible sociedad despótica dominada por una compañía multinacional.

“Robocop 2014″ quizás podría haber adquirido su razón de ser en los efectos especiales que, efectivamente, son muy modernos, muy digitales, mucho más avanzados que los de 1987. Pero, en todos los sentidos, aquella ahora vieja película resulta bastante más espectacular que esta, reducida a mucho ruido y efectos visuales desmadrados que impiden la buena narración en vez de apoyarla. En la primera versión, Robocop se enfrentaba a un gigantesco robot de apariencia invencible; en la nueva se enfrenta a varios. Pues bien, aquella batalla, mucho mejor rodada, era mucho más espectacular y dramática que esta.

Todo lo demás, lo mismo pero cubierto de oropel del nuevo siglo. Y con un protagonista, Joel Kinnaman, tan falto de carisma e identidad como la propia peli.

Este nuevo “Robocop” muestra de nuevo las carencias creativas de Hollywood. No hay ideas, y lo que se hace es peor que lo repetido. Sólo cuando, como en la peli de “Lego”, se recurre a la parodia sistemática, al chiste viejo pero eficaz, se consigue algo de brillantez cinematográfica y capacidad de entretenimiento. Por cierto, mucho más recomendable, en todos los sentidos -incluido el técnico- esta peli de animación.

A pesar de lo dicho, tanto en “Robocop” como en “Lego” había bastante gente en la sala, muchísimos niños. Aunque la primera sea un refrito horrible, parece haber conseguido captar la atención del público. Aunque sea desde la nada creativa, siempre es reconfortante ver una película acompañado de mucho público. ¿Estará el secreto en estrenar películas que puedan ver los padres con sus hijos?