Memorables: Los Goonies

El barco pirata que aparece al final de “Los Goonies” se construyó “de veras” para dar mayor verismo a su aparición. Además, no se mostró a los protagonistas para que cuando, en pantalla, lo ven por primera vez, las caras de asombro fueran auténticas, maniobra fallida porque los chavales soltaron, al verlo, un “Holy shit” al unísono.

“Los Goonies”, de 1985, producida por Steven Spielberg y dirigida por Richard Donner, es una magnífica película de aventuras que, a pesar de sus muchos efectos, pertenece a una época donde el cine era más artesanal y tenía un encanto inefable que con el paso del tiempo va tornando en encantador. En su momento fue un éxito de taquilla y hoy en día es una película que envejece bien al tiempo que es recordada con gran cariño por todos los que la vimos en una sala de cine.

Aparte de aventuras, este filme es un alarde de guión que maneja casi todos los géneros. La comedia es evidente, porque el tono de la película, en general, es festivo. Aparte, hay romance, suspense, superación melodramática… en un maravilloso crisol de menos de dos horas y en el que los buenos vencen a unos malos malísimos que tuvieron enorme influencia posterior, como en “Solo en casa”.

“Los Goonies”, antes que nada, es una película de personajes. El protagonismo se lo reparten una serie de adolescentes que van aprendiendo sus respectivas lecciones mientras se van jugando la vida. Son personajes cercanos, emotivos, creíbles.

Además, estos chicos aprenden a trabajar en grupo para ir superando las pruebas que se les van presentando, lo que me recuerda que en aquella época comenzaba a pegar fuerte “Dragones y mazmorras”. Por si fuera poco, se forman un par de parejas durante la película.

“Los Goonies”, magníficamente rodada, espléndidamente montada, es una película memorable porque no da respiro durante todo su metraje. Intrascendente quizás, pero entretenida a más no poder. Y sin grandes pretensiones, lo que sin suda no deja de agradecerse desde la perspectiva de este siglo XXI.