12 años de esclavitud

 

Lolita Sevilla, recientemente fallecida, pensaba que iba a ser la estrella de “Bienvenido Mr. Marshall”. Pero aquella era una película de guión, y Luis García Berlanga no veía cómo la cantante iba a encajar entre tantos grandes actores y tan espléndidos diálogos. Así que, canciones aparte, lo único que se le oye decir a la chica es “Ozú”, recurso que, además, se convierte en un magnífico gag.

“Lawrence de Arabia” es el espléndido filme que lanzó a la fama a Peter O´Toole. Basada en la vida de T.E. Lawrence, y a pesar de la megalomanía de David Lean y de su larguísimo metraje, es una espléndida película que a su maravillosa estética visual y sonora une un guión bien trabajado que consigue que te mantengas atento a qué va a pasar a continuación. La suerte del protagonista se mantiene siempre en vilo… y eso es una auténtica película.

12 años de esclavitud” muestra cómo es el nuevo cine. Cuenta la historia real de Solomon Northup, ciudadano negro del estado de Nueva York que, en 1841, fue raptado, trasladado al Sur de los Estados Unidos y convertido en esclavo hasta que, doce años después, consiguió recuperar la libertad.

Así, nos encontramos con una historia conmovedora, auténtica, que además sirve de denuncia a lo que supuso aquella atrocidad, legal hasta no hace demasiado tiempo -¿Hemos erradicado realmente la esclavitud?-. Por si fuera poco, Steve McQueen, el director, una de las grandes promesas del cine actual, mueve la cámara a la perfección y muestra el horror que rodea al protagonista mezclado con la inusitada belleza de unos entornos naturales dignos del paraíso terrenal. Y ya está.

Porque “12 años de esclavitud” se constituye como un docudrama que da más importancia al realismo que al dramatismo. El guión, perjudicado por el título, cuenta la historia -a pesar de los dos planos del comienzo- de manera lineal, continua, sin altibajos en la tensión dramática. El conflicto lo es todo y apenas hay momentos en los que temas por la vida del protagonista, o no sepas muy bien qué va a pasar a continuación. A pesar de la dureza del filme, no hay grandes escenas, a no ser la de las lágrimas que vierte el actor protagonista al final de esos eternos 12 años.

Así, este filme inspira compasión, rabia, ternura, odio, amor… pero nunca emoción, porque en ningún momento se persigue desarrollar el argumento de una manera dramática. No es un error de nadie, sino una declaración de intenciones. Y así, a pesar de los pesares, uno termina aburriéndose enormemente porque sin tensión se diluye la fuerza esencial de la historia real.

A eso tenemos que acostumbrarnos. “12 años de esclavitud”, aclamada por la crítica, es una de las grandes favoritas para los próximos Oscar. Con su temática, es probable que gane, aunque su guión sea tan flojo dramáticamente hablando. Es muestra del nuevo cine. No estaría de más que varios de los grandes prebostes de la industria se pasasen haciendo “ozú” durante 12 años bajo el tórrido sol del desierto que tan bien conoció Lawrence de Arabia.