Le Week-End y Tres bodas de más

Engañado (de nuevo) por los grandes críticos, fui a ver “Le Week-End”, película británica que muestra cómo un viejo matrimonio vuelve a París para intentar recuperar parte del amor perdido. Es, pues, un drama reflexivo sobre la existencia, el cansancio existencial y la dificultad de mantener despierto cualquier sentimiento.

El filme quiere inscribirse dentro de la línea de Woody Allen, con muchos diálogos y algunas segundas intenciones. Pero dialogar bien es lo más difícil del séptimo arte. Aquí, en lugar de expectación, los diálogos crean cierto sopor que tiene que ver con su excesiva cotidianeidad. Tanto se busca el realismo que se pierde la noción de ficción. Dicho claramente, “Le Week-End” es un pestiño digno del mejor de los festivales.

A pesar de todo, este filme tiene interés porque sus dos protagonistas, Jim Broadbent y Lindsay Duncan, son dos veteranos actores británicos que encarnan sus personajes con un verismo convincente e, incluso, emotivo a pesar de la nadería de la trama. Bien rodada, aunque sin guión, es una película que cobra interés por ver a dos auténticos artistas en pantalla.

“Tres bodas de más”, por el contrario, es una comedia española que parte de una buena premisa: una chica tiene que acudir a las bodas de tres de sus ex. Surge así el inevitable romance tapadera del auténtico. Y, aunque el humor sea demasiado grueso, el filme tiene un guión más o menos soportable que, cuando menos, entretiene.

O eso debería. El problema de “Tres bodas de más” es que casi todos sus intérpretes parecen sacados de una función de escuela de educación primaria. Quim Gutiérrez, actor de moda del cine español -aunque no creo que nadie vaya al cine solo para verle– vuelve a demostrar que no tiene vis cómica… ni dotes interpretativas. Paco León está pasadísimo. A Berto Romero alguna vez le dijeron que tenía gracia. Y el resto del elenco actúa de manera bochornosamente cutre. Solo Inma Cuesta, la protagonista, está bien en su papel, aunque tan sola está que parece pasarse la película buscando a un Pepe Isbert, un Saza, un Manolo Gómez Bur, una Isabelita Garcés… cualquier actor profesional que le haga una mínima cobertura.

Así, el cine inglés camina a gran distancia del español. Parecen medios diferentes. A pesar de todo, aún quedan esperanzas. Es mejor el cine español de los últimos 5 años que el de los 20 anteriores. Aunque sea con películas que no vayan a cambiar del destino del mundo.