Groucho tenía razón

Una de las citas más conocidas de Groucho Marx es “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en todas partes, hacer un diagnóstico equivocado y aplicar remedios incorrectos”. Aquel gran cómico, sin sospecharlo, se ha convertido en el gran ideólogo del siglo XXI. La realidad, cada día que pasa, supera más ampliamente a la ficción, como ya en su día el absurdo de la 2ª Guerra Mundial lo hizo con “Sopa de ganso”.

Ahora, en pleno 2013, se puede celebrar un funeral por Nelson Mandela, un gran tipo, con personalidades de medio mundo para que al final se convierta en noticia un falso traductor para sordos que se puso a hacer el memo ante la estupefacción del mundo entero. Ni los hermanos Marx habrían podido imaginar tamaño dislate, ni se les habría ocurrido hacerlo en la vida real. En esto deben consistir los últimos estadios de la evolución humana.

Algo más cerca, lo de Cataluña también supera lo marxiano. Lo del simposio “España contra Cataluña” pertenece a la vieja tradición nacional-localista de corromper la historia para potenciar las propias ideas. Basta con echar un vistazo a cualquier libro de texto catalán -o de cualquier otra comunidad autónoma- para darse cuenta de que, si se pretende, cualquier acontecimiento histórico puede servir a los intereses “apropiados”.

Más marxiano es la pregunta del ansiado referéndum. Se planteará que si los catalanes quieren que su terruño se convierta en Estado. Hasta aquí el terreno de la lógica. Luego habrá una segunda pregunta, planteando si este Estado será o no independiente. ¿Cómo se come que Cataluña se convierta en Estado no independiente del Estado español? Freedonia tenía mucho más sentido, incluso si consideramos lo que acontece en el siglo XXI.

Estos días toca enseñar a los alumnos de 4º de la ESO la generación del 98, tan influida por el Regeneracionismo de Joaquín Costa. No cuesta explicar mucho cómo era la situación española de hace un siglo. A pesar de dos dictaduras, una república, una guerra civil, parece que no hemos evolucionado mucho, salvo que nos lo tomemos con sentido del humor. Solo que ahora no hay ni un Costa, ni un Unamuno, ni un Baroja… ni siquiera un Cambó ni un Pla.

Para no caer en profunda depresión hay que encontrar refugio en el humor. A menudo pienso que las versiones que “Los Simpsons” hacen de la historia y la literatura tienen, en estos tiempos, más sentido que lo que puede leerse en wikipedia… y con menos errores señeros. Homer, sin duda alguna, es el mejor discípulo de Groucho, y no tan de ficción como muchos creen.

Cánovas afirmó que era español el que no podía ser otra cosa. Mas y Junqueras, marxianamente, han dado un giro a la cita. A la que se podría añadir la famosísima de Groucho: “No aceptaré pertenecer a un club que me acepte a mí como socio”.

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