Mala con pretensiones

Afirmaba Coucheau que no hay nada más soporífero que una película pretenciosa con menos chispa que un triste y solitario peta zeta. En un filme flojo de bajo presupuesto que no busca nada más que cubrir gastos siempre se puede encontrar algún detalle, banal e insignificante o simplemente chapucero, que tenga su gracia. Algo que jamás ocurre con las pelis malas con pretensiones.

Cormac McCarthy es un viejo escritor que ha alcanzado gran éxito en la última década. Provocador, siempre original, es un miembro menor del realismo sucio que bordó gente como André Dubus o Raymond Carver. McCarthy les supera en su presentación de la violencia, pero siempre he tenido la impresión de que sus obras eran más bien relatos cortos alargados que auténticas novelas.

Ahora le ha dado por escribir un guión que se ha encargado de dirigir Ridley Scott. El elenco está formado por Michael Fassbender, Cameron Diaz, Penélope Cruz, Javier Bardem y Brad Pitt. ¡Con un presupuesto de tan solo 25 millones de dólares! Es decir, todos se han embarcado en un proyecto en el que creían. Quizás porque es pretencioso, ambicioso, tremendamente pedante en su oscuridad.

El filme se titula “El consejero”. Cuenta cómo un abogado de mafiosos se ve metido en un berenjenal por casualidad, cómo se le fastidia la vida mientras los demás luchan por codicia o, sencillamente, por nada. La trama, como suele suceder con las novelas de McCarthy, está contada a partir de pinceladas gruesas que, aquí, no consiguen dar sensación de continuidad.

Hablando en plata, durante la mayor parte del metraje uno no se entera de nada, quizás por falta de luces del espectador, quizás por unos diálogos que buscan la frase soñada y se enfangan en respuestas supuestamente ingeniosas que en realidad están más vacías que cualquier formativo televisivo español. Da vergüenza ver a estrellas tan luminosas debatiendo sobre lo divino y lo humano con el mismo ingenio que los participantes de “Mujeres y hombres y viceversa”. No hay nada detrás de tanta cháchara.

Dentro de lo malo hay siempre algo pésimo: aquí se trata de un gran capo de un cartel mexicano reconvertido en un remedo de psicólogo que intenta mostrarnos los secretos de la existencia. Parece más propio de “El chavo del ocho” que de una película seria.

Aparte, Scott no es el director que fue y los actores se dejan llevar por su presunta grandeza para encarnar a sus respectivos personajes –tan tópicos como planos– sin ocultar uno solo de sus tics. Tan mal están que ni se nota la presencia de Pe.

El filme es tremendamente aburrido, insustancial, abstruso, pero seguro que sus responsables creen haber inventado la pólvora. “El consejero” es de las peores películas que servidor haya visto. Y no sería tan mala si no tuviese tantas pretensiones. En cine, para ser pedante hay que contar una historia. Si no, tan solo se es carne de crítica y festivales y repelente de espectadores.

Desde luego, 2013 no está siendo un buen año.

dmago2003@yahoo.es