En llamas

El cine, como fenómeno de masas, jamás ha sido ajeno a los éxitos editoriales. “Lo que el viento se llevó”, estrenada en 1939, se basa en la novela homónima de Margaret Mitchell, publicada solo tres años antes. Otras obras literarias, como “El señor de los anillos”, tardaron décadas en encontrar los medios y el valor suficientes para ser trasladadas a la pantalla.

Según se ve, ahora se consigue más fidelidad, más auténtica afición a una obra con los libros que con el cine que, siempre codicioso, intenta explotar la gallina de los huevos de oro. Así, por ejemplo, se ha decidido convertir la breve “El hobbit” en tres larguísimos filmes. Otro ejemplo: como siete novelas de Harry Potter parecían pocas, la última se dividió en dos, para conseguir un taquillazo más. Lo mismo pasó con la saga “Crepúsculo”.

Y lo mismo ocurrirá con el tercer libro de “Los juegos del hambre”, sin duda el peor de la trilogía. Pero es que esta saga ha calado fuerte entre el público, hambriento de historias intensas con un mínimo de originalidad. Da igual que al final el producto se agote, porque todo se reduce a una cuenta de resultados.

Acaba de estrenarse “En llamas”, la segunda película de esta adaptación cinematográfica. De nuevo nos encontramos con Katniss Everdeen, espléndido personaje creado por Suzanne Collins y que, lamentablemente, en el cine no puede ejercer como la magnífica narradora de los libros. Ese, como ya dije en su día, es el principal problema de estas pelis que, no obstante, tienen su interés como espectáculo técnico y visual.

Lo mejor de esta segunda parte, como de la primera, es Jennifer Lawrence, gran actriz con aura de estrella que representa lo mejor del nuevo Hollywood. Aunque su voluptuosa rotundidad no encaje con la Katniss de los libros, consigue hacer creíble un personaje que, ahora, comienza a dar bandazos en lo sentimental, algo que se entendía en los libros pero que aquí, si no has leído la novela, seguramente pierda a los recién llegados al mundo de Panem y los 12 distritos.

Aparte, esta segunda parte, como la primera, sigue fielmente la novela. Como el público al que va dirigido, en gran parte, son los lectores de la saga, ya no se hace nada por cortar y adaptar, sino que se copia el original de manera más literaria que dramática. Importa la cuenta de resultados, no el resultado del cuento cinematográfico.

Y eso, cuando se trata de casi dos horas y media de metraje, convierte el vehículo cinematográfico en algo plano, en ocasiones plomizo, excesivamente novelesco y sumamente incómodo aunque te sientes en la mejor de las butacas. Estarán haciendo muchísimo dinero, pero el fenómeno lo generaron los libros, no las películas, curioso e irónico giro de este peculiar siglo XXI.

“En llamas”, en definitiva, es una película visualmente atractiva que, empero, dura demasiado. No aporta nada nuevo a los libros y pierde a su narradora, su gran virtud. La pregunta es si los espectadores, aun los admiradores de Katniss, estaremos dispuestos a ver las dos películas finales, aquellas que adaptan la peor de las novelas. El cine, de momento, está perdiendo poder de captación porque detrás de él hay muchísimo menos talento que cuando David O. Selznick decidió convertir a Escarlata O´Hara en un mito inolvidable.

P.S.: En el elenco de “En llamas” hay grandísimos actores como Donald Sutherland, Philiip Seymour Hoffman o Stanley Tucci. Los “adultos” del filme aguantan el tipo frente a la fuerza de Jennifer Lawrence que, por otro lado, devora a los jovencitos. ¿Dónde quedan las grandes estrellas masculinas de menos de 40 años?