Ender y los Miller

En este tiempo que sufrimos los libros de instrucciones comienzan a ser cada vez más necesarios. “El juego de Ender”, basado en la novela de Orson Scott Card, es una película ininteligible para aquellos que no leímos el libro. Es, por tanto, una adaptación fallida. El “mal lector” tiene la impresión de que se pierde muchos detalles mal insinuados en la peli, de que se pierde mucho de lo que se esconde detrás de la trama, por otro lado demasiado similar a la de “Starship Troopers”.

“El juego de Ender” coloca, en un futuro lejano, a unos niños al frente de los ejércitos de una militarizada sociedad. Combaten como si viviesen un videojuego, y por eso son tan aptos para vencer al enemigo. Que luego haya más o menos trampas es lo de menos, porque enseguida se capta el mensaje. Lo peor es que el guión, del director, Gavin Hood, es de una simpleza mayúscula. Los personajes son meros bocetos que ni siquiera llegan a arquetipo. Y los diálogos no merecerían siquiera estar en una función de colegio de primaria.

La primera media hora de este filme es de lo peor que he visto en mi vida, tan plana, tan previsible, tan rígida y estéril. Si no hubiera estado acompañado, me habría ido del cine. Luego mejora la peli, con los efectos, las batallas, con alguna insinuación estética. Claro que se echa en falta una mejor recreación de la sociedad distópica que se propone, sin duda uno de los grandes alicientes de cualquier producción de ciencia ficción.

“Somos los Miller”, por el contrario, es una comedia más de las que se llevan hoy en día. Un poco de provocación, traviesa más que gamberra, algo de romance y un par de gags divertidos mezclados con otros chocarreros y unos pocos tan antiguos como las conquistas de Alejandro Magno. Pero, por lo menos, es un filme entretenido, que se pasa en un suspiro salvo cuando intenta ponerse trascendente.

Jennifer Aniston vuelve a hacer de ella, pero destaca sobre su coprotagonista, Jason Sudeikis, otro de esos cómicos que tendrán la gracia en algún sitio oscuro, lejano al hombre común. Sin embargo, “Somos los Miller” tiene una enorme virtud, y es que se ve sin necesidad de instrucciones.

Hoy en día abundan cada vez más las referencias a otras obras porque no se sabe adaptar de un medio a otro. Esto conlleva la latosa necesidad de unas instrucciones que aclaren el argumento. as instrucciones, además de delatar carencias, son el gran enemigo del entretenimiento, la principal causa del bostezo.