Vacuos aniversarios

El pasado verano, a principios de julio, vimos un sinfín de veces la repetición del gol de Iniesta para conmemorar el tercer aniversario del Mundial que ganó la selección española de fútbol. Ahora, aprovechando que España vuelve a Sudáfrica, más celebración de un logro mayúsculo que no por ello debe convertirse en eterno. Curioso resulta que en una época donde priman lo fugaz y lo inmediato tengamos tanta pasión -fugaz e inmediata- por los aniversarios de acontecimientos pasados.

Aparte de por la necesidad de que estos aniversarios coincidan con números redondos, estas conmemoraciones se caracterizan por su poca hondura. Ahora toca recordar el 50 aniversario del asesinato de Kennedy, quizás de hacer cábalas sobre su autoría, pero en ningún caso va a servir para desmitificar su figura y reflexionar sobre lo que realmente supuso este presidente de los Estados Unidos.

La semana pasada celebramos el centenario de la primera edición de “Por el camino de Swann” y una antes los cien años del nacimiento de Albert Camus. Hace aproximadamente un mes le tocó el turno al medio siglo de la muerte de Luis Cernuda, quizás el mejor poeta del 27 y uno de los más importantes del siglo XX universal. Que hayan salido en los periódicos no significa que vayan a ser más leídos u objeto de atención detenida por parte de nadie con un mínimo de ascendencia intelectual sobre el grueso de los mortales.

Si a estos aniversarios que, indefectiblemente, tocan cada año, cada mes, cada semana, unimos los Días Internacionales que organiza la ONU y se repiten anualmente, da la impresión de que vivimos en el “Día de la marmota”, solo que sin capacidad alguna para aprender de la experiencia pasada. Todo se repite, pero de una manera tan rápida y superficial que cada aniversario se parece más a una pregunta del Trivial que a un auténtico homenaje al pasado.

Bien pensado, este tipo de culto vacuo al pasado es de gran utilidad para aquellos que mandan y, a menudo, nos mangonean. Por un lado, resulta magníficamente útil recordar a este o aquel personaje para así no hablar de temas más importantes de completa utilidad. Proust, por ejemplo, “limpió” mínimamente la mala gestión de la madrileña huelga de basuras. Aún más, estos homenajes son ideales porque así nunca se habla de lo realmente importante, como puede ser el propio derecho a la huelga.

Por otro lado, que Camus, Proust, Cernuda y demás (1) aparezcan de vez en cuando en la prensa nos ayuda a engañarnos con la idea de que somos una sociedad civilizada. Da igual que jamás se profundice en nada, que quizás estos escritores habrían abominado de nuestra sociedad… se les recuerda de vez en cuando… y todos felices. La cultura de masas puede limitarse a la portada, en letras enormes, de un libro sin contenido.

Con el fútbol, esto puede llegar a ser escalofriante. ¿Cuántas veces veremos el gol de Iniesta en los próximos lustros? Para el imperante culto a la mediocridad, resulta mucho más útil este tipo de aniversarios. Aquí no hay que hacer esfuerzo para ser superficiales y, aún mejor, no hay peligro de que nadie abra un libro, lea un párrafo y se ponga a pensar. Magnífico.

dmago2003@yahoo.es