Memorables: Un americano en París

Muchos califican “Un americano en París” como el mejor musical del cine. No estoy de acuerdo. Los hay mucho mejores. Sin embargo, esta película es pura magia gracias a la música. “Un americano en París” es puro Gershwin.

Quizás por eso, por tener algunas de las mejores canciones de siempre como banda sonora, nadie se preocupó demasiado por obtener un guión medianamente decente. La trama y desarrollo de “Un americano en París” es sonrojantemente plana, básica, infantil. A la que se une una Leslie Caron que nunca dio el paso definitivo de niña a mujer.

Aun  sin guión “Un americano en París” consigue seducir gracias a unos números musicales soberbios, gracias a la música de Gershwin. “I got rhythim”, “´S Wonderful” u “Our love is here to stay” son la base de una escenas maravillosas, rodadas en Hollywood, donde parece nacer un París diferente en el que todo es posible, hasta amar a Leslie Caron. Son esas canciones las que consiguen que te olvides de las malas interpretaciones, del francés de chichinabo que se escucha, de los decorados que no hacen justicia al original… aunque, junto al río, uno juraría que sí están bailando junto al Sena… en una escena homenajeada hasta la saciedad desde el estreno en 1951.

“Un americano en París”, empero, alcanza su mayor gloria en el largo número final, de más de 16 minutos de duración, al son de la suite de Gershwin que presa su título a la película. Vincente Minnelli, el director, y Gene Kelly se unieron para crear una secuencia majestuosa de fastuosa estética y sorprendentes efectos. Una joya sin trama donde la música y el baile se engarzan con el color para transportar al espectador a un lugar mucho más bello y mágico que París. Un número final tan soberbio que incluso consigue elevar a Leslie Caron.

Así, “Un americano en París”, es un filme sin trama que consigue ser memorable gracias a la música de George Gershwin, uno de los músicos esenciales del siglo XX.