Thor Dos y Don Jon

En los años 30 era habitual ver la careta de la productora RKO, que terminó desapareciendo. Durante años, el gran cine ha estado asociado a la montaña de la Paramount, el león de la Metro, la dama de Columbia o el gigantesco e inopinado monumento de la Fox. Actualmente, el tiempo dedicado a las productoras, muchas ignotas, dura más que el resto de los títulos de crédito.

Pero tengo la impresión de que la cortinilla que más veo últimamente es la de Marvel, que no deja de hacer películas. Al principio solían colaborar con productoras clásicas, pero ahora ya se llevan casi todo el protagonismo y, entre las películas de los X-Men y todo lo relacionado con Los Vengadores -La Masa, Thor, Capitán América, Iron Man…-, sacan dos o tres estrenos al año, aunque ya amenazan con cuatro para 2014.

Lo último de Marvel que ha llegado a nuestras pantallas es “Thor: El mundo oscuro”, donde el viejo dios nórdico se enfrenta a unos elfos oscuros muy malotes que quieren dejar al mundo sin luz, a oscuras, en la más profunda oscuridad. Como digo, unos villanos de verdad, con evidente fotofobia. Por supuesto, Thor, ayudado por unos terrícolas, incluso por el cabroncete de su hermano, vencerá y conseguirá que las compañías eléctricas sigan sangrándonos a final de mes.

Esta segunda entrega de Thor cumple con lo que se espera de este tipo de películas: trama inverosímil, actos heroicos, algo de melodrama y muchísimos efectos especiales. Cinematográficamente, lo más llamativo es que el protagonista, Chris Hemsworth, es más oscuro que cualquiera de sus compañeros de reparto: Natalie Portman (en el peor de sus papeles), Anthony Hopkins, Tom Hiddleston… incluso que el tipo que hace del jefe de los elfos fotofóbicos.

Thor, de los superhéroes de la Marvel, es el que menos me atrae. Pero, en general, uno comienza a sentir cierto hartazgo. Lo que al principio molaba -los cómics en la gran pantalla- ahora comienza a ser reiterativo. Porque una viñeta no es un fotograma y, con excepciones como el Batman de Christopher Nolan, no siempre consiguen superar el cambio de medio narrativo.

La otra película que vi el pasado fin de semana fue “Don Jon”, de productoras desconocidas, barata en presupuesto y resultados. Una vez más caí en la trampa de los críticos. Joseph Gordon Levitt, estrella en alza, ha querido convertirse en autor. Escribe y dirige esta película sobre un adicto al porno que se enamora de Scarlett Johansson. Otro que no ha sabido cambiar de medio, de actor a director. Peor aún es un guión que no habría aprobado ni un curso de instituto… español.

Supongo que uno se hace mayor cuando comienza a sentir nostalgia de un león rugiendo o un cachas dando un golpetazo a un gong. En cualquier caso, el negocio cinematográfico ha cambiado enormemente. Y algo huele a podrido en Hollywood cuando lo que más se ve en pantalla son dioses nórdicos, mutantes o tipos con mallas hiperajustadas. Una vez más, el término medio brilla por su ausencia.