Capitán Phillips

Hace más o menos 20 años tenía la costumbre, los sábados después de comer, de tumbarme en el sofá, encender la televisión y ponerme a ver una película que comenzaba con el rótulo “Basada en hechos reales”. Eran telefilmes serios, melodramas lacrimógenos de cierto interés humano y metraje adecuado a su ritmo moroso. Eran filmes, en definitiva, idóneos para echarse una buena siesta.El telefilme basado en una historia real ha dado el salto a la gran pantalla. El pasado fin de semana vi “Capitán Phillips”, que cuenta cómo un marino norteamericano sobrevivió a un secuestro en el Océano Índico, a pocas millas de la costa de Somalia. Quizás porque es un rollo, quizás por nostalgia juvenil, me eché un par de cabezadas.

El problema con este tipo de películas es que sabes perfectamente qué va a pasar a continuación. La peli va de un secuestro. Aparte, había visto el tráiler. Por eso, cuando la lancha de los secuestrados inicia la persecución del gigantesco carguero no hay ninguna emoción dramática; simplemente, sabes que al final se van a subir al barco. Es más, si no fuera porque está basada en hechos reales, no entenderías cómo narices los secuestradores son capaces de colgar una escalera metálica de la borda de la nave.

A partir de aquí, todo transcurre con total previsibilidad, valga la redundancia. Quizás haya alguna sorpresa que otra cuando están a bordo del barco, pero en cuanto se quedan a solas con el capitán en el remedo de bote salvavidas, todo sigue un curso lineal, moroso, soporífero. A lo que sin duda contribuyen las planas personalidades de unos secuestradores que, más que arquetípicos, resultan bochornosamente tópicos.

El filme tan solo tiene un punto de interés. Cuando ya todo ha terminado, cuando hemos superado el clímax narrativo, Tom Hanks tiene cinco minutos para lucirse. Borda una actuación brillante, espectacular, algo rara vez visto en la gran pantalla. Pero, ¿merece la pena esperar dos horas para ver a un actor dar, por fin, algo de emoción a la película?

Al frente de “Capitán Phillips” está Paul Greengrass, buen director a pesar de que le tiemble demasiado la mano. ¿Cómo ha intentado dar emoción a un guión plomizo? Cuando se supone que llega algún punto de cierto interés, sube el volumen de la banda sonora, aumenta el nerviosismo del montaje y ordena a los secuestradores que griten y amenacen. Pero, ¿algún espectador ha llegado a temer de veras por la vida del capitán Phillips?

De todas maneras, esperaré a que echen la película en la tele. Recuerdo que hace 20 años tenía la capacidad para despertarme justo antes del final. Así, podré ver de nuevo a Tom Hanks mostrando sus ingentes dotes interpretativas. No sería nada raro si le diesen otro Oscar. Mucho menos si tenemos en cuenta la capacidad somnífera de “Capitán Phillips”.