Una cuestión de tiempo

Richard Curtis es un nombre a tener en cuenta en el panorama audiovisual de los últimos 30 años. Es un excelente guionista. Se dio a conocer en televisión con la serie “La víbora negra”, espléndida parodia de la historia inglesa (1) protagonizada por Rowan Atkinson. Al cine llegó con dos espléndidos guiones, “Cuatro bodas y un funeral” y “Notting Hill”, que supusieron un soplo de aire fresco para la comedia romántica, y la adaptación, inferior al original, de “El diario de Bridget Jones”.

Entonces Richard Curtis dio el salto a la dirección. “Love actually” es una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo, seguramente la más optimista de todas. Peor resultó “Radio encubierta”, llena de buenas intenciones y escaseces dramáticas.

Ahora nos ha llegado “Una cuestión de tiempo”, un filme que trata los viajes en el tiempo en un entorno cotidiano, familiar, sin grandes algaradas. El protagonista puede cambiar su pasado y, poco ambicioso, se limita a encontrar la mujer de su vida y cuidar de su familia, aunque no siempre con los resultados pretendidos.

El tráiler de la película anunciaba una comedia romántica disparatada, alocada, no muy lejana a los cánones imperantes. “Una cuestión de tiempo”, sin embargo, es una película muy diferente a lo que se suele ver en el cine. Es un melodrama pausado, sin histrionismos, donde los viajes temporales no tienen mayor importancia. Es un canto a la familia, a la bondad, al cuidado de los seres cercanos porque ahí reside el secreto de la existencia.

Con un elenco, casi todo británico, muy acertado, esta película se ve con tranquilidad a pesar de estar llena de momentos emotivos, más cercanos al llanto que a la carcajada. Bien rodada, eficaz en su realización, lo mejor es un guión cuidado en el que, no obstante, se echan en falta los matices con que Curtis suele adornar a sus secundarios. En cualquier caso, el cariño que muestra por cada uno de sus personajes se traslada al espectador, lo que aumenta la empatía que uno siente por el protagonista.

Curtis ha anunciado que abandona la dirección. No es una mala noticia siempre y cuando no renuncie a escribir. Guionista muy personal, nos ha regalado unas cuantas películas memorables que rebosan optimismo y, sin ser complacientes, nos invitan a ser mejores y pretender un poquito más de felicidad. “Una cuestión de tiempo” está lejos de ser una obra maestra, pero su calidad es muy superior a la media. A veces basta con una mirada pausada y vital al matrimonio y a las relaciones familiares. Curtis demuestra, de nuevo, que la grandilocuencia no es necesaria para hacer una buena película. Esperemos que pronto nos lleguen más guiones suyos convertidos en cantos cinematográficos a la excelencia del estar vivo.

(1) ¿Cuántas miradas al pasado, con sentido crítico y humor, se han hecho en España para la pequeña o gran pantalla?