Memorables: Cabaret

Que la vida es mero teatro es un concepto tan antiguo como la literatura. Shakespeare llevó el tema a la excelencia en varios monólogos, como los de Hamlet, Próspero o Macbeth. Ya en el siglo XX, Bob Fosse, con dos de sus películas, “Cabaret” y “All that jazz”, nos convirtió en seres propios de un musical gamberro, rijoso y tragicómico.

“Cabaret” es uno de los grandes espectáculo de los 70. Bob Fosse, coreógrafo mítico, encontró en el libreto de Joe Masteroff el vehículo idóneo para sacar en pantalla sus obsesiones: la ya citada vida como espectáculo, el sexo, la fidelidad, las personalidades extremas… y, al tiempo, montó unos magistrales números que erizan el vello mientras asistimos a una historia tremebunda.

Joel Grey es el maestro de ceremonias que Fosse siempre habría soñado para su propia vida. Travieso, neutral, inhumano, Grey nos guía a través del cabaret mientras, fuera, donde el mundo es mundo, los nazis comienzan su imparable escalada hacia el poder.

Pero dentro de esos muros aún nos podemos reír, divertir, bailar y cantar. La obra, por extensión la peli, es un perfecto juego para recrear en un pequeño escenario lo que acontece “ahí fuera”. Y como es “Cabaret”, de un modo lúdico, satírico, destructivamente cómico a través de inmejorables números musicales.

Junto a Grey, Liza Minnelli logró su mejor actuación al meterse en la piel de Sally Bowles, una suerte de Paula de “Tres sombreros de copa”, una buena chica condenada a no ser tomada lo suficientemente en serio por nadie. Porque Michael York, al final, elige la vida real en lugar de marcarse un último número en el cabaret.

Y, como número final, como clímax, la Minnelli cantando la magistral canción “Life is a cabaret”, lúcida actualización de Shakespeare. Pocas veces la música ha jugado tan bien con las emociones del espectador. Y es que para Fosse no había nada más serio que un espectáculo chusco, dantesco, de apariencia frívola y facilona. Pero, no lo olvidemos, él, siempre fue un perfeccionista.