Prisioneros

El cine no es territorio para la grandilocuencia, para el relato lento y alargado del argumento. A pesar de honrosas excepciones, como “Lo que el viento se llevó” o la trilogía “El padrino”, que no caben en frascos más pequeños, las mejores películas son aquellas que han condensado el conflicto principal para mejorar el ritmo y la intensidad de la narración cinematográfica.

Aparte de sus otras muchas virtudes, el principal valor de “Gravity”, una de los mejores títulos del año, es su metraje, apenas superior a 90 minutos. Así, la tensión dramática durante el filme es constante, intensa, arrebatadora, mantiene siempre en vilo al espectador.

“Prisioneros” se sitúa en el extremo opuesto. Dirigida por el canadiense Denis Villeneuve, cuenta el secuestro de dos niñas en una población estadounidense. El drama se centra en cómo reaccionan y actúan las dos familias y un policía. El conflicto, así, tiene gran fuerza dramática, da para una historia intensa, al tiempo policiaca e íntima, durante el tiempo que dure la búsqueda de las pequeñas. Tensión que se agiganta si uno de los padres secuestra a un sospechoso para iniciar la investigación por su cuenta y a costa de todos sus valores.

El problema es que el filme jamás busca la concisión, sino la morosidad. Desde el primer plano se adivina que estamos ante uno de esos filmes donde cada plano busca la una imagen soñada. Cada escena se alarga hasta el límite. Cada secuencia incide más en el retrato psicológico de los personajes y la grandiosidad de cada momento dramático que en la fluidez de la narración. Por eso, lo que comienza siendo un planteamiento realmente interesante se va diluyendo tras la megalomanía de un director que se ha equivocado de medio: si quieres escribir una novela de tesis…

Por eso da igual que la fotografía sea bella, que los actores -especial mención merece un desatado Hugh Jackman- estén espléndidos, que el guión sea sólido, que la tragedia siempre se nos antoje inminente… al final la película, de 153 minutos, es tan larga que termina siendo soporífera, carne de críticos y festivales.

Villeneuve ha preferido realizar una tesis crítica sobre las bases morales y religiosas de la sociedad estadounidense que contarnos una historia. Por eso “Prisioneros” se va diluyendo según avanza, muy lentamente, hacia un final que resulta un alivio tan solo porque el espectador tiene ganas de marcharse del cine para hacer algo de provecho. Tantas ínfulas sirven, incluso, para que el mensaje se pierda en el fango de la grandilocuencia dramática.

A mi entender, el cine debe parecerse más a “Gravity”, buscar la brevedad. Claro que contar grandes historias en 90 minutos no es tan sencillo… y los productores de hoy en día saben de cifras pero no de drama. Hemos entrado, evidentemente, en el camino hacia los Oscar.