Gravity

Tras superar muchas cuitas y dificultades, Alfonso Cuarón ha conseguido llevar a la gran pantalla “Gravity”, excelsa película que ha conquistado a la crítica desde el principio y que poco a poco va ganando el favor del público. Su execelencia estética, su ajustado metraje y la intensidad de la trama la convierten en una de las mejores de 2013.

El filme cuenta la odisea hacia la supervivencia de dos personajes que se quedan atrapados -valga el oxímoron- en el espacio exterior. Dos astronautas en pleno naufragio espacial que viven una aventura directa y asombrosamente adictiva gracias a que la peli no se extiende más allá de la hora y media.

Así, el proyecto, antes que nada, se sustenta sobre un guión perfectamente construido -actualmente parece más fácil crear buenas películas con pocos personajes, como “Drive” o “Buried”-  cuyo tema principal es la lucha por la vida. Cada escena encaja con la siguiente en un perfecto ejercicio narrativo. Que la acción transcurra a 600 kilómetros sobre la Tierra, dramáticamente, es anecdótico.

Pero no lo es en todos los demás sentidos. Cuarón ha luchado por crear una película desde la nada para que, en pantalla, lo parezca todo. Técnicamente, es una de las mejores películas de siempre. Y, por una vez, se justifica ver algo en 3D.

“Gravity”, aparte de su grande dramática y técnica, es un alarde estético. Pocas veces una historia tan emotiva se ha visto rodeada de un espectáculo visual como este. Es un cuadro de primera magnitud que solo dura hora y media.

Aparte, esta película de belleza inusitada es completamente fresca, diferente, una joya que convierte al espectador en un auténtico turista espacial para descubrir que allá arriba, donde todo es visualmente tan idílico, cada detalle puede resultar letal. Ahí reside el drama, el reto, la grande de “Gravity.