Una de libros

Aparte de por falta de tiempo, cada día me resulta más difícil encontrar algún libro decente en los estantes de novedades por el tsunami editorial que arrambla con todo en nuestras librerías. En España se publica mucho, malo y, para colmo, de mala manera.

“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, del suizo Jöel Dicker, es un acontecimiento editorial en todo el mundo. Cuenta una trama policiaca sita en Estados Unidos El joven escritor quiere parecerse, sin conseguirlo, a Auster, Russo o Chabon. A pesar de que el argumento es enrevesado, a veces incomprensible, el libro se lee con facilidad y cierto deleite. No está mal. El problema es que Alfaguara ha lanzado al mercado una pésima traducción. Una lástima, un insulto al lector.

No he leído la versión en castellano de “Tengo tu número”, de Sophie Kinsella, pero es difícil que su nueva editorial española, Plaza&Janés, haya cometido un estropicio suficiente como para cargarse una espléndida novela de humor, que parte de una premisa narrativa improbable y de desarrollo complejo en apariencia. Otra delicia de esta escritora que, a la estela de Helen Fielding, recupera la mejor tradición de la narrativa de Henry Fielding, Chesterton o Wodehouse.

Tampoco sé cómo habrán traducido “El vino de la juventud”, colección de cuentos de John Fante, autor recuperado por Bukowski que supone uno de los grandes acontecimientos literarios del siglo XX estadounidense. Sus cuentos están a la altura de los de Anderson, Hemingway, Dubus, Carver y el propio Buk. Un autor imprescindible que poco a poco va llegando a España vía Anagrama.

Aunque no sea una novedad en sentido estricto, “El tío Petros y la conjetura de Goldbach” es la mejor novela sobre matemáticas que haya leído hasta la fecha. Se lee de un tirón y pone al alcance de cualquiera un maravilloso mundo que nuestro sistema educativo parece querer mantener alejado de los alumnos. Porque lo que se enseña en clase nada tiene que ver con las auténticas matemáticas.

Hasta aquí mis recomendaciones de libros recientes, porque cada día leo más en inglés y, de lo mucho bueno que hay por ahí, nada ha llegado aún. Cada día noto más diferencia entre la fecha anglosajona de publicación y su llegada a España. Así, a esperar a las nuevas novelas de Ian McEwan o Richard Ford que, en cualquier caso, no son sus mejores obras. Por otro lado, espero que algún día alguien se decida a publicar en España a autores tan esplendorosos como Patrick Neate o Kate Christensen.

A falta de novedades en español, siempre nos quedan los clásicos. Mi vuelta a “Werther” o “La metamorfosis” de Kafka ha sido maravillosa. Por otro lado, me he reído mucho con “Usted tiene ojos de mujer fatal” y “Angelina o el honor de un brigadier”, de Jardiel.

Aunque lo mejor de las últimas semanas ha sido la primera lectura de viejas novelas españolas. Por fin encontré “Campo cerrado”, la primera de las novelas de “El laberinto Mágico” de Max Aub. Novela de difícil lectura, narra los últimos años de la República y los primeros meses de la Guerra Civil. Un alarde de complejas técnicas narrativas y de la más rebuscada creación del idioma.

También antológica me ha parecido “A.M.D.G.”, novela de Ramón Pérez de Ayala, que es una suerte de memorias de su paso por el colegio jesuita de Gijón. En 1910 este libro fue un escándalo por su desaforado ataque contra las prácticas de la Compañía de Jesús. Cierto es que está lleno de rabia, pero es otro alarde de buen uso del idioma y del tempo narrativo. En España siempre hemos dado la espalda a este tipo de obras anticlericales, que no dejan de denunciar abusos y excesos que en otras partes del mundo –incluso en Irlanda– ya son capaces de mirar con espíritu crítico y propósito de enmienda.

Por último, “El amigo Manso”, de Galdós, una novela entretenida donde el genio español usa técnicas que varias décadas después usarían Unamuno y Pirandello. El protagonista y narrador menciona a su creador, que le manda y dirige, que incluso decide cuándo debe morir, como si fuese antepasado de Augusto Pérez. Sin ser una obra maestra, es una delicia porque, digan lo que digan, don Benito es el mejor escritor en lengua castellana de todos los tiempos. Cada uno de sus párrafos es gloria bendita.

Poco más que recomendar. Habrá que buscar con más ahínco en los estantes de las librerías, aunque a menudo da la impresión de que uno tan solo es un vagabundo escarbando entre las muchas inmundicias del estercolero. Quizás por eso cada día tiendo más a la compra por internet o, directamente, al libro electrónico.

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