Lobezno inmortal

Las series televisivas experimentan altibajos a lo largo de una temporada. Por lógica, algunos capítulos son mejores que otros. Un ejemplo paradigmático es “Cómo conocí a vuestra madre”. Aparte, si las series se alargan durante años, al final sufren un paulatino agotamiento que, como en el caso de “Cheers”, “Friends” o “Seinfeld”, provoca su desaparición o, como en el caso de los “CSI”, su extenuante repetición sin mayor interés artístico ni narrativo. Tan solo “Los Simpsons” parecen inmunes al paso del tiempo, y eso que algunas temporadas fueron sustancialmente peores.

Ya que el cine no consigue competir en calidad con la televisión -en cuestiones audiovisuales lo mejor de los últimos años, con honrosas excepciones, son las series “El Ala Oeste”, “The Wire”, “Boardwalk Empire”, “Los Soprano”, “Black Mirror”, “Modern Family”, etc.- lo intenta creando unos seriales que muchas veces carecen de sentido, como en esas extrañas aventuras de “El Hobbit” y “Prometheus”, precuelas muy inferiores a sus predecesoras.

En pocas ocasiones se crea una trilogía y se cierra; hasta que no se diga lo contrario. El Batman de Christopher Nolan es una obra maestra. Pero ahora, otros, van a juntar al caballero oscuro con Superman en un filme que se estrenará en 2015. Mientras DC juega a esto, Marvel tampoco deja de alargar sus culebrones cinematográficos de los Vengadores y ramificaciones y de los X-Men en todas su vertientes.

Ya se han estrenado seis películas basadas en los cómics sobre los superhéroes y villanos mutantes. Las tres primeras contaban una especie de historia conjunta. La cuarta narraba un episodio del pasado de Lobezno. La quinta, los inicios de Magneto y del Profesor X. Y la sexta, sin X-Men en el título, vuelve a Lobezno para contarnos cómo está y qué le pasa tras haberse visto obligado a matar al amor de su vida en la tercera parte. Si esto no es propio de una telenovela…

Lobezno ya era el personaje más atractivo de la “Patrulla X” del cómic. Rebelde, ajeno a las leyes naturales más básicas, encaja a la perfección con el modelo de malote buenazo de los últimos tiempos. Por eso es el hilo conductor de cinco de las seis películas. A ello se une la presencia de Hugh Jackman, una de las escasas estrellas que brillan en el actual firmamento cinematográfico. Y por eso “Lobezno inmortal” acude directamente a su nombre como gancho comercial.

Creo que “Lobezno inmortal” es la más floja de las películas de la saga. Más que una peli de aventuras, es un drama sobre el arrepentimiento y el hastío existencial. El protagonista está pasando malos momentos, pero se ve obligado a viajar a Japón para enfrentarse a una trama de corrupciones y traiciones que no termina de encajar. En estas, el mutante de las garras de adamantium descubre que es capaz de enamorarse de nuevo. Hay, por supuesto, algunas espectaculares peleas y una aún mejor persecución. Pero es un melodrama donde, paradójicamente, apenas sale a relucir el sarcasmo característico del protagonista, uno de sus mayores encantos.

En definitiva, esta sexta entrega muestra cierto agotamiento del producto. Por otro lado, parece más una peli de circunstancias porque, tras los títulos de crédito principales, nos anuncian la séptima, que se estrenará el año próximo. Da la impresión de que, aparte de hacer algo de dinero, era necesario mantener a los X-Men en la memoria del colectivo. ¿Y qué sentido tiene un filme más hijo del marketing que del talento creativo?

En cualquier caso, ver a Hugh Jackman en pantalla, a su Lobezno viviendo nuevas cuitas, sigue interesándonos a los que seguimos la serie. Aunque se vaya agotando, algo empuja al aficionado a seguir yendo a la sala. Hasta que, en algún momento, llegue el hastío absoluto. Más que matar a la gallina de los huevos de oro, todo esto se asemeja a exprimir un limón hasta dejarlo completamente seco. Más negocio que cine, y de peor calidad que lo que se puede ver en algunos selectos rincones televisivos.