Memorables: La guerra de las galaxias

Visto el éxito de ese divertimento vacuo que escribí sobre Luke Skywalker, es indudable la vigencia de “La guerra de las galaxias”, producción decisiva en cuanto cambió para siempre la dinámica del cine de acción y aventuras.

Para mí, resulta inolvidable la fascinación que ejerció la película cuando la vi, de niño, en un cine de la Gran Vía. De repente, un mundo lejanísimo -con bares repletos de seres imposibles, armadas estelares de estética futuristas, ejércitos de seres con armaduras de plástico y armas láser, la FUERZA, la Estrella de la Muerte, etc.- se presentaba ante el público con un sinfín de efectos especiales para, a la postre, contar un argumento de los de siempre, pero sin parecerse a nada que se hubiese visto anteriormente –afirmación válida para los que teníamos menos de 10 años–.

Las fuerzas del Imperio eran malignas, autoritarias, decisivamente aniquiladoras. A su frente, el enigmático Darth Vader, un personaje único en la historia. La “resistencia”, un grupo de potenciales héroes en clara inferioridad de medios. La arrojada princesa Leia manda a dos androides, los inmortales R2D2 y C3PO, a encontrar a Obi-Wan Kenobi, retirado Jedi, única esperanza de los rebeldes.

Surge así una nueva odisea donde Luke se encontrará con el que aún no sabe que será su primer maestro. Su transporte lo llevarán a cabo, en el Halcón Milenario, Han Solo –ese canallesco, al final redimido, personaje, el único capaz de competir con Vader por el protagonismo de lo que devendría en saga– y el encantador Chewbacca, otro más de esos personajes que hablan ininteligiblemente sin que importe lo más mínimo.

A partir de ahí, lo que Coucheau define como western en clave galáctica. Bajo la dirección de George Lucas, unos espléndidos efectos especiales –personalmente, prefiero la vieja versión de 1977 a la remasterizada y digitalizada que vimos en los cines varios lustros después– y la soberbia banda sonora de John Williams, un espectáculo único que marcó un antes y después en el imaginario colectivo.

Casi cuatro décadas después, la vigencia de “La guerra de las galaxias” es plena. Más allá de las divertidas polémicas de Kevin Smith, es un filme que, sin ser hondo, es capaz de levantar diversas interpretaciones y generar encendidas discusiones entre espectadores de diversas edades y condición. Porque, aunque haya pasado tiempo, es un filme que forma parte de nosotros, tanto como la vida misma. Marcó a toda una generación, y a todas las que vinieron después. Indispensable en todos los sentidos. No hay un solo segundo que sobre, una obra maestra de inigualable calado.