Luke Skywalker

Ningún personaje se ha desinflado tanto a lo largo de una trilogía cinematográfica. Luke Skywalker, el protagonista de “La guerra de las galaxias”, aquel joven recluido en un planeta desértico y con ínfulas de convertirse en el nuevo gran Jedi, devino pronto en un blandengue incapaz de soportar la tensión de los grandes momentos.

Al principio, fue capaz de destruir la Estrella de la Muerte. El chaval prometía. Pero ya en “El imperio contraataca” tornó en antojadizo y débil, impaciente ante las enseñanzas de Yoda y arrojado en su conversión en un remedo de adolescente temerario. Así hasta, tras enfrentarse a Darth Vader, perder una mano y escuchar la rotunda y memorable frase “Yo soy tu padre”, lloriquear amargamente, como una nena.

George Lucas ya fue dándose cuenta de qué personaje tenía entre manos cuando le convirtió en una especie de místico insondable y poco simpático en “El retorno del Jedi”, la misma de los insufribles ewoks. Su comportamiento en el duelo final es más propio de un antihéroe que del salvador de la galaxia.

A la “caída” de Luke sin duda contribuyó Mark Hamill, su actor, que no es Harrison Ford. Pero, sobre todo, fue decisiva la circunstancia de que, una y otra vez, eran otros los que terminaban robándole la gloria. Como un Frodo galáctico, Luke casi nunca hizo nada. Obi-Wan, R2D2, Han Solo, Leia y Lando, incluso Darth Vader terminaron salvándole de la muerte. Al final, ¿qué hizo Luke Skywalker aparte de tener suerte con dos misiles?

La prueba de su escaso peso es que cuando se estrenó la segunda trilogía, que era la primera, casi todos echamos de menos a Han y Vader, incluso a la princesa Leia. Pero, ¿alguien echó en falta la presencia de Luke?