Ahora me ves

A primera vista, “Ahora me ves…” podría referirse a una campaña gubernamental que previniera sobre los riesgos de estar mirando todo el día una pantallita o escuchando unos auriculares. Aunque no provoque accidentes mortales, la conexión constante con el mundo virtual a costa del real y cercano puede tener consecuencias graves: por la cara de la gente con la que me cruzo en la calle, a veces tengo la sensación de estar viviendo un episodio televisivo de “Walking Dead” o cinematográfico de “Resident Evil”, solo que los zombies digitales son menos agresivos y se parecen más a los gordos apoltronados de “Wall-E”.

Ya en el cine, la primera sensación que da la película “Ahora me ves…” también es la de un anuncio televisivo. Según la moda y la teoría imperantes, cada plano debe tener ritmo interior y exterior, de tal manera que tanto los personajes como la cámara deben moverse constantemente. El uso que el director Louis Leterrier hace de esta es mareante, sobre todo en las escenas que sirven de conexión entre los diversos momentos dramáticos. Así, a menudo parece más un anuncio destinado a los jóvenes que una auténtica película.

Aparte, aunque nos la han intentado vender como una película sobre magos -con otro tráiler que hace más daño que bien- “Ahora me ves” trata sobre unos timadores. La magia es algo circunstancial, el “gancho” que distrae nuestra atención. Porque hasta los personajes de los cuatro magos que presuntamente protagonizan la película son completamente accesorios, un buen divertimento que, no obstante, sostienen los mejores momentos de la película, a saber, los dos primeros números de magia que ofrecen ante una multitud enfervorecida.

“Ahora me ves”, mientras se ve, es una película entretenida. Una hora después, bien meditada, es cierto que nada tiene pies ni cabeza, que todo es un engaño donde lo altruista torna en egoísta y cruel, donde la simpatía que sientes por los timadores torna a incomprensión y, quizás, cierta inquina. En cualquier caso, el filme está construido para entretener, algo que consigue con creces.

Además, a pesar del exceso del ya citado inquieto protagonismo de Leterrier, esta película cuenta con un elenco sobresaliente, destacando Michael Caine y Morgan Freeman sobre sus más jóvenes compañeros de reparto que, aunque actores correctos, carecen del carisma de sus mayores. No hay recambio generacional, y en Hollywood no hacen nada para remediarlo.

Tan mal está lo del cine que una película con aires de mal y nervioso anuncio de televisión, con un guión tan rebuscado como tramposo, es lo suficientemente entretenida como para tornar en recomendable. Aunque sabía que todo eran fuegos de artificio, aunque sospechaba quién era el timador y hacia dónde se dirigía la trama, pasé un buen rato con “Ahora me ves”. Que es mucho decir en este 2013, hasta ahora un pésimo año también en lo cinematográfico.