Memorables: Bodas reales

Bodas reales” es una de esas películas que dio mucho que hablar a la prensa de sociedad. En primer lugar, el título alude a la boda de la futura Isabel II de Inglaterra, que tiene lugar mientras Jane Powell y Fred Astaire están de gira en Londres.

Por otro lado, el filme narra cómo la hermana del prota se casa con un lord inglés. La hermana y antigua pareja artística de Astaire, Adele, había hecho el mismo viaje y, en 1932, había contraído matrimonio con lord Cavendish.

Judy Garland iba a encarnar el papel de Jane Powell, pero expiró su contrato con la Metro. Al quedarse sin el trabajo, intentó suicidarse cortándose el cuello.

Por otro lado, la sosa actriz que hace de amada de Fred Astaire es Sarah Churchill, la hija artista cuya alocada vida trajo a maltraer a sir Winston Churchill, el mismo de lo de “sangre, sudor y lágrimas”.

Al margen de todo esto, “Bodas reales” es un buen musical dirigido por Stanley Donen y que, como solía ser habitual en los 50, transmite buenas vibraciones porque es una comedia sin pretensiones, divertida y optimista.

Aparte, tiene algunos de los mejores números musicales de siempre. Powell y Astaire juntos hacen temblar la pantalla. Y él se marca dos solos antológicos. En el primero, se atreve a bailar con un perchero como si fuese la más seductora de las mujeres.

En el otro, en un alarde de montaje, técnica y coreografía, baila en suelo, paredes y techos de una habitación. “You´re all the world to me” (que adjunto al final) fue posible gracias a la construcción de un decorado giratorio que llevaba acoplado una cámara y un pequeño habitáculo para el operador.

A pesar de los 62 años transcurridos, el efecto sigue siendo cautivador. Astaire, en alas del amor, vuela, baila y sonríe venciendo a la ley de la gravedad. Otro triunfo del cine sobre la física. Pura y deliciosa magia.