Nada

Uno de los grandes gozos de irse haciendo mayor son las relecturas. En los últimos años, a pesar de algunos desencantos -no pude terminar la segunda lectura de “Rayuela” ni la tercera de “Crimen y castigo”-, he tenido la suerte de volver a disfrutar con Galdós, Tolstoi, Shakespeare, Chejov, Bukowski, Hemingway y muchos otros grandes genios de la literatura.

Hace un par de años me maravillé con “La familia de Pascual Duarte”, de Camilo José Cela. Y esta primavera le ha tocado el turno a “Nada”, de Carmen Laforet, que me ha gustado aún más que la primera vez que la leí, hará unas dos décadas y media.

“Nada” es una novela sencilla de leer. Andrea, la protagonista, nos relata en primera persona su llegada a Barcelona al seno de una familia desmembrada por el peso de la guerra. Allí conoce a Román, un genio de la música convertido al mal gratuito; a Angustias, una beata martirizada por sus irrefrenables deseos; a Juan, otro de sus tíos, un amargado constante casado con la frívola Gloria; a la abuela, una santa que prefiero mirar poco para no ver nada. Y así su familia se conforma como un grupo cerrado y cerril que crea un clima agobiante en el que Andrea apenas puede respirar.

Por suerte, Andrea conoce en la universidad a Ena, bellísima chica que encarna la perfección en un mundo devastado. Y a un grupo de muchachos ingenuos que juegan a ser artistas alternativos. Solo fuera de su casa la narradora encuentra algo que le motiva a respirar, a vivir. Hasta que todo se va al traste cuando Ena entra en contacto con Román. O eso parece.

“Nada” es una de las mejores novelas del siglo XX. Carmen Laforet supo plasmar un mundo verosímil y cercano en un par de cientos de páginas. Una joya que, al tiempo que entretiene al lector de casi cualquier edad, muestra cómo fue de miserable aquella España que sobrevivió a duras penas a la Guerra Civil. Aparte de una obra maestra literaria, es un documento magnífico para acercarse a nuestro pasado.

Como ya he escrito en otras ocasiones, cuando leo obras como esta la pregunta que me viene a la cabeza es dónde narices están los narradores equivalentes de nuestro siglo XXI. ¿Dónde están las novelas que contarán a los lectores de dentro de 70 años cómo es nuestra sociedad, cómo funcionan nuestras miserias? No hay ahora escritores de tanta sinceridad, de tanta fuerza, de tanta verdad… como Carmen Laforet, que venció a la censura franquista y se hizo con el Premio Nadal en 1945.

España, entonces, era un páramo en casi todos los sentidos. Pero el teatro, el cine, la novela… supieron crear algunas grandes obras, inmortales. Hoy se suponen que van mejor las cosas, sobre todo en el terreno de las libertades. Quizás por eso no hay grandes creadores que sepan retratar el mundo que les circunda. O quizás todo se deba a una enorme crisis intelectual y moral que, después de todo, sostiene a la económica y social.

Por lo menos siempre nos quedará “Nada”.

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