Adiós a Iain Banks

En este mundo que vivimos resulta tremendamente difícil saber qué leer. Por un lado, se publican tantas cosas que es difícil adivinar dónde mirar. Por otro, los que deberían guiarnos o bien sirven a unos intereses concretos o bien están sumidos en una tremebunda ceguera, ya sea inconsciente o premeditada.

Por eso no resulta extraño que en España haya pasado desapercibida casi por completo la figura de Iain Banks, eximio novelista escocés, que atacó el sistema desde su prosa acerada, ácida, salvaje, siempre salpicada de un humor hijo de la larga tradición británica de la sátira.

Banks fue grande en dos terrenos separados aunque complementarios. Por un lado, generalmente bajo la firma Iain M. Banks, fue un creador de ciencia ficción de primer nivel, maquinando un mundo paralelo que servía para criticar despiadadamente el nuestro. Aún me queda por leer mucho de su producción fantástica, pero “Transition” y “El algebrista” son dos espléndidas novelas.

Por otro, fue uno de los mejores novelistas británicos de las últimas décadas. El hermano menor -en cuanto menos conocido- de Martin Amis, William Boyd o Ian McEwan, supo escribir unos cuantos libros, rayanos en el esperpento, que retrataron de manera crítica y ácidamente humorística el mundo en el que vivimos.

Saltó a la fama del mundo entero -es en estos puntos cuando uno se pregunta a qué mundo pertenece España- con “La fábrica de avispas”, una narración en primera persona donde el protagonista se nos presenta como un sádico adolescente que cree tener razón para su desvariado comportamiento. Aclamada desde el principio por crítica y público, es un virulento ataque contra la desnortada sociedad occidental y los sistemas educativos.

A partir de ahí, Banks nos obsequió con otras grandiosas novelas, como “Cómplice”, “El negocio” o “Aire muerto”. Todas ellas dominan el tempo narrativo, la crítica exacerbada del mundo occidental desde una perspectiva izquierdista independiente, el humor como mejor manera de acercarse al lector. Si alguien quiere acercarse a este escritor, nada mejor que comenzar con la divertídisima y descabellada “Aire muerto”, donde lo mejor es la voz del protagonista, el primer indignado auténtico del viejo continente.

Aparte quedan sus dos mejores obras. “Juegos de familia” recrea la reunión corporativa de los miembros de un clan escocés que posee los derechos de un popular juego de mesa. A medio camino de una saga y un reencuentro de viejas glorias, es una novela que hace reír a pesar de ser una desoladora mirada sobre el fatal destino de las viejas empresas familiares. Una joya de primer orden.

Aunque, en mi opinión, su mejor libro es “The Crow Road” que, si no me equivoco, aún no ha sido traducido al castellano. Libro de aprendizaje y maduración, es una joya estructural y estilística en la que el escocés no abandonó su característico sentido del humor. Imprescindible, si nos fuese posible.

Iain Banks acaba de fallecer. En sus dos facetas era uno de los escritores más importantes y populares de Occidente. Gamberro, transgresor, en el fondo era un espléndido prosista que narraba maravillosamente nuevas historias mientras se acercaba con lucidez a los viejos temas del amor, la vida y la muerte. Que en España apenas se le conozca vuelve a poner al aire nuestras vergüenzas. Pero nada, a seguir con Muñoz Molina, Javier Marías y nuestra literatura mediocre y poco o nada comprometida. Si por lo menos fuésemos bien en todo lo demás…

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