Memorables CIII: V de Vendetta

No traigo aquí V de Vendetta porque sea una película perfecta. Es demasiado maniquea y los malos, demasiado arquetípicos. Tampoco llega aquí por su justificación de la violencia como recurso, aunque hasta el mismísimo John Lennon tuvo sus dudas en aquella famosa grabación de Revolution.

Tampoco es memorable porque la máscara de Guy Fawkes que lleva V se haya convertido en la seña de identidad de Anonymous, esa organización que quizás podría acabar con este blog tan solo por mencionarla.

Si traigo aquí V de Vendetta es porque se trata de nuestra distopía. Si allá en el pasado tenían Un mundo feliz o 1984, este filme presenta un futuro probable, ante el que se rebela un hombre atormentado por la tortura, un alma en pena que representa a esos héroes propios del siglo XXI en los que poderoso el reverso tenebroso es.

Construida a partir de un guión de los hermanos Wachowski, a su vez adaptación de una novela gráfica de Alan Moore, el filme es una gozada en cuanto a dirección artística y efectos especiales. Visualmente, es una auténtica delicia.

Aparte, las actuaciones de Stephen Rea, Stephen Fry, John Hurt, etc. son impecables. Sobre ellos, se alza la auténtica protagonista, Natalie Portman, sin duda una de las grandes estrellas de este nuevo y decadente siglo. Y, si se quiere disfrutar completamente del elenco, hay que verla en versión original para oír la voz de Hugo Weaving, el vengador enmascarado.

Lo mejor, ese mundo dominado por un partido que maneja a la perfección los medios de comunicación para manipular al pueblo. Lobby que usa como excusa la religión, el fundamentalismo, para imponer sus intereses económicos y de poder. Una distopía tan oscura que resulta trágicamente cercana.

Aunque, como es cine, al final el pueblo se rebela. La ficción, en estos casos, siempre supera a la realidad.

Y, aunque hay muchas cosas mejorables en el filme, se quedará marcada en nuestra memoria porque nos habla de un mundo infernal que, no obstante, podría ser. No es de las mejores películas de la Historia, pero siempre resulta reconfortante, al tiempo que desasosegante, volver a verla.