Lo que deseamos

“Margin Call” es una interesante película de 2011 que recrea la gran crisis bancaria y bursátil de 2008. Un gran banco de inversiones descubre que la volatilidad de sus inversiones supera con creces lo que realmente puede respaldar. En una larga noche, los grandes ejecutivos deciden salvar el culo y sacrificar el sistema antes que sacrificarse ellos y salvar la Tierra. Así, mientras envían al mundo al carajo, ellos ganan muchísimo dinero a costa, también, del banco.

El filme es altamente recomendable para entender el mundo de las altas finanzas. Stanley Tucci, Jeremy Irons, Demi Moore, Kevin Spacey… bordan sus papeles. Pero lo que trae este filme a este rincón es la presencia de dos personajes jóvenes:

Uno de ellos es un importante ingeniero que en su día trabajó para la NASA. Con los números es inigualable, y para él la ecuación de pérdidas y ganancias no va mucho más allá de una suma en una pizarra. Tras ella no hay vida humana. Al final el banco se queda con él porque su talento es insustituible.

El otro joven que se ve envuelto en este fraude de codicia y misantropía es un joven economista que, cuando descubre que a él, como a la gran mayoría de sus compañeros, le van a despedir, afirma que “este trabajo es lo que siempre he querido ser en la vida”. Magnífica identificación entre curro e identidad, entre pasta y esencia.

De manera algo grosera el filme nos cuenta qué pasó para que estallase la crisis que aún sufrimos. De manera más fina, también nos presenta un par de arquetipos que representan bien cómo se conforma la juventud actual: por un lado, el chaval que estudia ingeniería porque es una carrera que tiene muchísimas salidas y que acaba atrapado por la seducción del dinero; por otro, el ambicioso aspirante a comerse no el mundo sino todo el dinero que su alma pueda acaparar.

En cierto modo, ese es el mundo que estamos construyendo. En Finlandia, un profesor, aunque no gana mucho dinero, tiene que superar la durísima carrera de Magisterio, y solo si consigue pasar un complejo sistema de selección de estudiantes. En casi todo el mundo, por el contrario, lo que prima son aquellas carreras con salidas para ganar un sueldazo, a la postre lo único que importa.

Un estudiante de ingeniería con un futuro prometedor por delante me comentaba hace unos días que la historia, literatura y filosofía que estudió en el colegio supusieron una pérdida de tiempo. “Acepto que es importante tener algo de cultura general, pero eso se podría estudiar en Primaria sin mayor perjuicio del sistema educativo”, dijo. Por supuesto, su gran objetivo vital no es encontrar el trabajo de su vida, sino forrarse.

La batalla está perdida. Que un hijo decida estudiar cualquier carrera de Letras, cualquier camino que no conlleve a un triunfo salarial, supone un gran escándalo en cualquier familia occidental. Ese es el mundo que estamos construyendo. Por eso no debe sorprendernos nada de lo que pasa. En algunos países de Asia lo que importa es la ética laboral y familiar; a partir de ahí uno triunfa como ser humano. En Occidente hemos matado a Dios, a Sócrates, a Shakespeare… y lo único que importa es la cuenta de resultados, al precio que cueste. Realmente, ¿es eso lo que deseamos?

dmago2003@yahoo.es