Memorables XCII: Sombrero de copa

Por alguna extraña razón, en España nunca ha terminado de gustar el musical cinematográfico. Tampoco el siglo XXI parece aceptarlo. Es una pena. Aquellos musicales de la Edad de Oro, por regla general, eran estupendas comedias optimistas aderezadas por música de grandes genios que servían como idóneo medio de evasión para el espectador medio.

Uno de los ejemplos paradigmáticos del musical fue “Sombrero de copa”. Fred Astaire y Ginger Rogers ya habían aparecido en otros tres títulos. Pero esta vez se escribió expresamente un guión para ellos, algo tan solo al alcance de las grandes estrellas. Y, junto a “King Kong”, fue una de las películas que salvó a la RKO de la quiebra.

En el guión participaron hasta siete personas. De ahí que, aunque la trama sea bastante sencillota, un enredo visto mil veces, “Sombrero de copa” contenga algunos chistes memorables. Si a eso unimos las canciones de Irving Berlin –inolvidable “Cheek to cheek”– tenemos un magnífico medio para soñar, para evadirnos de nuestras miserables vidas.

Pero en aquel cine musical había mucho más. La fotografía, la dirección artística, el montaje de los números musicales… ese majestuoso vestuario de La Rogers… muestran que “Sombrero de copa” es una obra maestra de cine bien hecho. Con alardes, incluso, como ese plano secuencia de dos minutos del baile “The Piccolino”.

Fred y Ginger rodaron hasta diez películas juntos. Seguramente sea la pareja más cinematográfica de siempre. Con sus comedias románticas salpicadas de memorables canciones impecablemente bailadas ayudaron a la gente a olvidarse de la Gran Depresión. Ese era el espíritu primigenio del cine. Además, por si fuera poco, era un cine de impecable calidad técnica y artística. ¿Por qué nunca habrá calado en España?