La sombra de Stephenie Meyer

Guste o no, Stephenie Meyer ha cogido el testigo de J.K. Rowling y se ha convertido en líder mundial en la venta de libros. Gracias a su enorme capacidad para ignorar la realidad, ha creado un par de mundos de ensueño que han despertado enorme expectación entre los adolescentes, así liberados de la dura carga que resulta usar la imaginación. La saga “Crepúsculo”, su más aclamada obra, ha logrado cifras extraordinarias tanto en librerías como en taquillas de cine a pesar de que sea tan solo una historia ñoña de una chica, vampiros y hombres lobos sin camiseta.

Mucha gente se lleva las manos a la cabeza porque los jóvenes lean estas cosas. Sin embargo, gracias a fenómenos como Meyer, J.K. Rowling o Suzanne Collins hay muchísimos adolescentes que entran en el maravilloso mundo de la lectura. Si más adelante alguno llega hasta Anna Karenina, maravilloso. Si no, mejor leer esta literatura basura que no leer nada.

Acaba de llegar a nuestras pantallas “La huésped”, película basada en otra novela de Stephenie Meyer, a la que en su día Stephen King consideró incapaz de escribir una sola línea. En esta historia no hay vampiros ni cosas de esas. Pero, eso sí, toda la historia se basa en una joven audaz que tiene que convivir en su cuerpo con una alienígena, joven sin personalidad pero suficientemente valiente como para servir de modelo a la inane juventud que gusta de estos productos.

Aquí, la esquizoide protagonista vive en una Tierra dominada por unos extraterrestres que buscan la armonía a costa de apoderarse de los cuerpos de los humanos -algo así como continuación de “La invasión de los ladrones de cuerpos”, maravilloso filme de los 50 dirigido por Don Siegel-. La Humanidad, por tanto, está al borde de la extinción. Por supuesto, hay un foco de resistencia y, claro está, la alienígena okupa termina cambiando de bando porque los seres humanos no somos tan malos como aparentamos.

A primera vista, si no fuese por su excesivo metraje la película sería interesante, incluso recomendable. La protagonista, Saoirse Ronan, es una espléndida actriz, y está bien respaldada por curtidos artistas como William Hurt o Diane Kruger y unos guaperas inexpresivos que cumplen con su decorativo cometido. La dirección artística es buena y los efectos especiales, eficaces. Se nota que el director, Andrew Niccol, no es un realizador al uso en este mediocre siglo XXI.

Lo que cansa es ese aire de puritanismo y corrección política que respira todo lo que se tiene que ver con Stephenie Meyer. Ni siquiera los malos son muy malos. Todo el mundo tiene su razón de ser, y así se huye de cualquier exceso, racional o no, que pueda engrandecer un drama. Todo transcurre con placidez, sin polémica, sin emoción, con los ingredientes necesarios, ninguno más, para satisfacer las escasas demandas del público potencial.

En Meyer y su obra hay mucho de negocio. Este filme es mucho mejor que cualquiera de la saga “Crepúsculo”. Hay una historia potencialmente atractiva que se queda en nada porque no hay audacia narrativa. A eso se une que la película dura más de dos horas -lo que parece preceptivo hoy en día-. Pero teniendo en cuenta que solo ha costado 44 millones de dólares, tampoco es tan mala. A pesar de la atmósfera “Meyer”, es una producción de ciencia ficción interesante.

Eso, o un alienígena enviado por la escritora norteamericana se ha apoderado de mi espíritu crítico, tan machacado por el mal cine que lleva viendo en los dos últimos años.

dmago2003@yahoo.es