Maestros en ignorancia

La semana pasada causó gran conmoción la publicación de los resultados de unas oposiciones de 2011 a maestro de Educación Primaria. El 86% de los que se presentaron no aprobó una prueba de conocimientos destinada, en teoría -cualquiera sabe que en la práctica esas preguntas no se le hacen a niños de 12 años- a alumnos de 6º. La publicación, parcial, mostraba algunos fallos garrafales, como confundir escrúpulo con crepúsculo o faltas de ortografía como “ánbito” o “Nabarra”. Aunque fuese tan solo un fragmento de las oposiciones, lo visto daba miedo.

Lo que me sorprende es que aún haya gente que se sorprenda por cosas así. La LOGSE se aprobó en 1990. Es decir, ya hay graduados en el actual Magisterio que tienen los mismos años que aquella nefasta ley, aquella norma que eliminó los contenidos a favor de no se sabe muy bien qué, y estableció la igualdad por abajo como principio vertebrador de nuestro sistema educativo. Murieron, en consecuencia, la excelencia, el mérito y el rigor académicos.

Nadie que tenga más de 30 años puede imaginarse hasta qué punto se ignora casi todo cuando se ha sido víctima de la LOGSE. Bajo la perspectiva de que cualquier dato se puede consultar en cualquier momento en la red, la fe irracional en el poder de los más inanes principios psicopedagógicos y el generalizado clima social de molicie intelectual -no suspendan a mi hijo, que se me fastidian las vacaciones- hemos estado creando ignorantes que, en contraste, se creen que lo saben todo porque así se ha ido diciendo desde los distintos rincones de nuestro decadente Estado.

Sin embargo, sin conocimientos, sin un “disco duro” bien lleno no se puede tener una idea de conjunto de la realidad que nos rodea ni hacer una síntesis de todos los conocimientos para poder plasmarlos de una manera ordenada y sistemática a los alumnos del siglo XXI.

Los antiguos maestros, especialmente los nacidos antes de la instauración de la EGB, tenían una educación escolar de primer nivel y una formación adicional sobresaliente gracias a las antiguas escuelas de Magisterio. Todo eso ha cambiado enormemente. Los maestros que salen de las actuales universidades, los que opositan en cualquier Comunidad Autónoma, no solo ignoran muchos datos sino que también son incapaces de saber cuánto ignoran en realidad porque carecen de una visión global. Conocen, y mal, cuatro datos sueltos.

Así tenemos que construir un nuevo edificio educativo. Es para echarse a temblar. Los viejos maestros españoles, como el de “Historias de la radio”, sabían, bien, un poquito de casi todo y eran conscientes de sus limitaciones. Por eso eran tan buenos. Ahora, los pocos que quedan se van jubilando y son sustituidos por jóvenes vanidosos que se creen que van a cambiarlo todo desde la nada. Precisamente, esa nada es a lo único a lo que podemos aspirar. Salvo que vuelvan a ocurrir milagros o cambiemos radicalmente las cosas, recuperando, quizás, a los maestros jubilados para la causa.

P.S.: En cuanto a las gigantescas carencias de los nuevos Licenciados -o Graduados- que dan clases en la ESO y en Bachillerato ya habrá tiempo para hablar.

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