Memorables XC: Con la muerte en los talones

No es Alfred Hicthcock uno de mis directores favoritos. Creo que en todas sus películas, junto a muchos trucos efectistas, conviven escenas asombrosas, impecables, con otras bastante más chapuceras. Si tuviera que escoger entre su larga filmografía, no dudaría en escoger “Con la muerte en los talones”.

El guión de Ernest Lehman es una de las claves del filme. Un dinámico ejecutivo es confundido por un agente secreto por los “malos”. Durante casi una hora, apenas sabemos lo que pasa. Más adelante, los “buenos” seguirán con el juego porque les conviene. Y el protagonista tiene que seguir huyendo para sobrevivir y, como lujo añadido, conquistar el amor de la dama.

Esa primera hora es pura delicia, aunque pierda bastante la segunda y siguientes veces que ves la película. La borrachera “inducida”, el asesinato de la ONU, los encuentros en la casa… y, sobre todo, la escena de la improbable persecución de una avioneta en medio del campo que hace aún más surrealista la situación que vive el protagonista.

Precisamente, Cary Grant es la otra clave del guión. Poco podrían haber interpretado tan bien al hombre normal metido en una situación tan peliaguda, salvar todos los obstáculos, besar a Eva Marie Saint, derribar a los matones y conseguir que en el traje no aparezca una sola arruga.

Si no me termina de parecer una película redonda es porque Hitchcock, como solía hacer en todos su filmes, parece desentenderse del final. La pelea del Monte Rushmore es pasmosamente amateur. Un despropósito de rodaje y montaje. Hasta Grant parece diluirse dentro del generalizado clima de desidia.

Sin embargo, “Con la muerte en los talones” es otra de esas películas que siempre terminas viendo cuando la pillas en la tele. Cary Grant huye sin saber por qué ni de quién, y termina salvando su vida. Aunque tenga que tirarse al suelo para evitar el amenazante vuelo de una inquietante avioneta. Hitchcock, a mi pesar, tenía indudable talento.