¿Quién es/fue Francisco I?

Revestido de una escenografía propia del mejor Hollywood, con unos modos fastuosos y arcaicos -en este segundo sentido de la mano de las ideas que priman en Roma-, el cónclave cardenalicio eligió como Papa al jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que pasará a la posteridad como Francisco I (1).

Aparte de la evidente repercusión mediática que tiene el nombramiento de un nuevo Sumo Pontífice, me pregunto qué supone para un estudiante español un hecho como este. Tal y como hemos (de)construido nuestro sistema educativo, pocos sabrán qué narices significa ser jesuita, y muchos menos tendrán una mínima idea de quién fue San Ignacio de Loyola. ¿Alguno sabrá por qué Argentina se llama así? ¿Por qué hay tantos apellidos italianos entre los argentinos?

Y eso que, en este caso, saber algo de Historia tendría su gracia. El nuevo Papa se llama Francisco I, el mismo nombre de aquel rey de Francia que perdió en la batalla de Pavía frente a Carlos V, aquel emperador que no supo -o no quiso- impedir el Saco de Roma, que de todas maneras le sirvió para amedrentar y convencer a Clemente VII para que le coronase en Bolonia ante el evidente disgusto del monarca galo.

Aparte, el nuevo Papa comparte nombre con San Francisco de Asís, personaje totalmente ignorado por cualquier escolar o universitario español. ¿Hace falta mencionar a San Francisco Javier y su impresionante viaje al Extremo Oriente? ¿Y a San Francisco de Borja? Aunque seguro que la mayoría de nuestros estudiantes sabe que la ciudad de San Francisco está en California y que allí juegan los 49ers.

Lo curioso de la educación española es que la ignorancia es propagada en todas las direcciones. La Religión es un tema polémico, siempre presente en cualquier reforma educativa. A pesar de ello, los chavales apenas saben nada sobre, por ejemplo, San mateo, San Marcos o San Pedro, mucho menos sobre San Pablo o San Juan. Los de familia no creyente sienten un enorme rechazo por cualquier cosa que huela a iglesia. Los criados en un hogar católico, sorprendentemente, también lo desconocen casi todo sobre la historia sagrada, sobre el cristianismo. Siempre me he preguntado qué narices aprenden en la dichosa clase de Religión.

La ignorancia es mala en cualquiera de sus manifestaciones. Hablamos de generaciones impecablemente preparadas cuando no tienen ni idea de quiénes fueron Francisco I y Carlos V. Vale. Quizás no sirva para nada. Pero el desprecio hacia todo lo cristiano tiene un efecto aún más negativo. Occidente se ha construido sobre los cimientos de una ética cristiana fundamental para ser quienes somos, esos humanos que defienden la libertad del individuo y el respeto al otro. Y que conste que defiendo que la religión como catequesis debe desaparecer de cualquier plan de estudios.

Habemus Papam. Se llama Francisco I. Un noticia universal. Gracias a la magnífica manera de trabajar la memoria en estos tiempos, en un par de días gran parte de nuestra población estudiantil habrá olvidado su nombre. Y seguirá sin saber dónde colocar Argentina en el mapa… aunque allí también haya nacido Lionel Messi.

(1) Dicen que al primer Papa con un nombre no se coloca el ordinal. No será el primero hasta que haya un segundo. Sin embargo, siempre será el primer Papa Francisco. Además, a este artículo le viene mejor que sea Francisco I.

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