Argo es argo

¿Tiene algún sentido creer en los Oscar? De nuevo, como cada año, se entregan los Oscar y vuelven las polémicas sobre la oportunidad de este o aquel premio. Los galardones de la Academia de Hollywood son hijos de la voluntad de poco más de seis mil personas. Profesionales del tema, pero seres humanos al fin y al cabo. Pensar que ahora “Argo” es mejor que “La vida de Pi” tan solo porque tenga el Oscar a la mejor película tiene el mismo sentido que creer en Papá Noel o los Reyes Magos.

Otra cosa es si a alguien que la haya visto le apetece volver a ver “Argo”. Está bien hecha, bien rodada, tiene su interés, todo es correcto menos la interpretación de su protagonista, nada curiosamente su propio director. “Titanic” batió todos los récords de los Oscar cuando Leonardo Di Caprio -ni el guión- estaba siquiera nominado. Así que, ¿a qué viene tanto ruido? “Argo” pasa a engrosar una larga lista de películas con el máximo Oscar y que poca gente volverá a ver en el próximo medio siglo. Al otro lado, hay obras maestras como “Centauros del desierto” que no tuvieron una sola candidatura a esos premios de plastilina.

También ha sorprendido a muchos que Ben Affleck no estuviese nominado como mejor director. Las candidaturas son elegidas por los propios directores. A partir de ahí, vota el pleno de la Academia, alrededor de seis mil personas. ¿Había miedo al intrusismo del actor o es que los directores vieron algo oculto al resto de los mortales? Es lo de menos. Bob Fosse ganó el Oscar al mejor director por “Cabaret” compitiendo con “El Padrino” de Francis Ford Coppola. Lo llamativo es que cualquiera “revisitaría”, hoy mismo, cualquiera de estas dos películas y, en ningún caso, ninguna de las candidatas del pasado domingo salvo, con mucho esfuerzo, “El lado bueno de las cosas”.

Por cierto, “Cabaret” ganó 8 Oscar. “El Padrino”, sólo tres, uno de ellos el de mejor película. La gente de la Academia votó los apartados del filme de Liza Minelli ante la monumentalidad de la historia de Vito y Michael Corleone. Y eso no significa que esta, una de las grandes joyas de la cinematografía universal, sea peor que aquella. Es cuestión de gustos y, sobre todo, de momentos.

Lo que sí es cierto es que ahora apenas aparecen películas realmente memorables. “Sucedió una noche” es magistral, y triunfó en los Oscar. “La fiera de mi niña” fue ignorada por estos premios, y es magistral. Cary Grant no ganó ningún Oscar… y no pasa nada. Estos premios son pura mercadotecnia. El problema es que en los últimos años no hay buen producto que promocionar.

Por eso, si queremos mirar con buenos ojos, tan solo hay dos datos reseñables de la última ceremonia de los Oscar. Daniel Day-Lewis, el nuevo rostro de Abraham Lincoln, es colosal. Jennifer Lawrence, la Katniss Everdeen de la versión cinematográfica de “Los Juegos del Hambre”, es una gran actriz con estrella, algo sobre lo que resucitar una agonizante industria. Lo demás son zarandajas.

Porque solo hay que pensar que Quentin Tarantino tiene dos Oscar como mejor guionista. Pedro Almodóvar, uno. Y Penélope actriz, otro. Como actriz, por si queda alguna duda. Bien pensado, Papá Noel tiene mayor credibilidad.

dmago2003@yahoo.es