Memorables LXXXVI: El caballero oscuro

De vez en cuando un personaje, magistralmente interpretado, fagocita una producción cinematográfica, se apropia de ella. Es el caso del Joker de “El caballero oscuro”, penúltimo papel del malogrado Heath Ledger, un villano único, entre la psicopatía y el mal absoluto, una pesadilla convertida en cine del bueno.

Pero el filme de Christopher Nolan es muchísimo más que el Joker, aunque cuando la vuelves a ver te sientas hipnotizado por su presencia. En esta segunda entrega, el director ahondó en el tenebroso Gotham presentado en “Batman begins”. Y, con disfraz de filme de acción, “El caballero oscuro” es un profundo drama de insondables connotaciones éticas.

Christian Bale volvió a bordar el doble papel de Bruce Wayne/Batman. De nuevo inmejorablemente apoyado por Gary Oldman, Morgan Freeman y Michael Caine. La chica, en esta ocasión, fue Maggie Gyllenhaal. Y, junto al monumental Ledger, Aaron Eckhart clavó al fiscal de las dos caras.

Tras ese gigantesco elenco, un guión milimétrico, de mil giros inesperados; una dirección artística digna de un festival pedante, pero bien oculta tras los efectos especiales. Vestuario, decorados, maquillaje, todo es soberbio. Como el montaje, la banda sonora… como la producción en pleno.

“El caballero oscuro”, que algunos lumbreras situarán en un subgénero, es una de las mejores películas del siglo XXI. El cómic sirve para llevar a la pantalla un dramón intenso, de personajes atormentados, con algunas secuencias, como la del barco, de una tensión dramática digna de Shakespeare.

A pesar de ello, de su grandeza, la presencia del Joker, ese payaso que nos sobrecoge, que nos aterra porque no es tan imaginario como podría esperarse en una de superhéroes, se apodera de la película. Y es que hay veces que actores, guionistas, maquilladores, etc. consiguen que la magia sea aún mayor que lo que es, sin duda, una obra maestra.