Argo

De nuevo los santones de la crítica española nos anunciaron que había llegado una nueva obra maestra a nuestros cines: “Argo”, dirigida por Ben Affleck, parecía, una vez leídas las reseñas de estas luminarias, una perfecta obra de relojería que mostraba un hecho histórico desde una mirada cinematográfica modélica. En mi opinión, no es así.

“Argo” cuenta cómo unos norteamericanos escaparon del Irán de Jomeini durante la crisis de la embajada de Estados Unidos al final del mandato presidencial de Jimmy Carter. La CIA se inventó una producción cinematográfica y sacó a 6 paisanos como si fueran parte del equipo de la película, canadiense de presunta nacionalidad.

El filme no es malo. Tiene interés por su propio argumento y, dentro del drama inherente a tan tensa historia, combina con acierto algunas escenas cómicas, siempre relacionadas con el mundo de Hollywood. Durante sus dos horas largas cumple con su principal objetivo de ser entretenida.

Pero entonces llegas y te encuentras con que un par de coches consigue adelantar a un avión a punto del despegue, que sin embargo escapa incólume porque los malos no disparan. Los iraníes revolucionarios no son especialmente inteligentes. Los personajes en general son tan planos como en un telefilme de sobremesa… Tan solo el hecho histórico parece propio de una auténtica obra maestra.

Y es que el filme, a la postre, es una oda al agente que se encargó de tan estrafalario rescate. Papel, claro está, que se había reservado el propio Affleck, que demuestra dotes como director, y que será mucho mejor cuando se olvide de actuar como gran estrella de sus propias películas.

“Argo”, repito, no está mal. Lo que indigna es que una película tan normal, tan correcta en su dirección como impropia en sus detalles, sea calificada de golpe como el gran filme de 2012. Uno nunca termina de entender a esos señores que a veces alaban lo soporífero y otras elevan a los altares películas dirigidas por un hombre al que siempre le han dado una leña tremenda. Quizás detrás de todo esto tan solo se esconda un simple sentimiento de culpa, quizás la maniobra tenga elementos mucho más oscuros.