Lucidez de otra época

En estos tiempos tan turbulentos apenas ayuda que nuestros intelectuales se llamen Javier Marías o Lucía Etxebarría y se comporten como personajes de “Sálvame”. Entre tanta tribulación, quizás sea beneficioso recordar que hubo un tiempo en que en España convivían, pensaban y polemizaban escritores de la talla de Unamuno, Madariaga, Corpus Barga, Emilio Carrere, Pérez de Ayala, Baroja… genios a los que volver una y otra vez para seguir viendo en ellos los análisis más lúcidos sobre lo que es y no es España.

Entre ellos se encontraba Manuel Chaves Nogales, genial intelectual sevillano. Su biografía sobre Juan Belmonte es una joya literaria, y su libro de cuentos “A sangre y fuego. Héroes, Bestias y Mártires de España”, el retrato más crudo, veraz y neutral de nuestra última Guerra Civil. Antes que escritor, el andaluz se sentía periodista, y son soberbias sus crónicas de la época.

Acabo de leer “La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia Roja”, reportaje sobre su viaje hasta la Unión Soviética que está lleno de pequeños destellos de genialidad intelectual ocultos bajo una prosa dinámica, accesible y deliciosa. Chaves Nogales ha vuelto a demostrarme que era un prosista soberbio, de esos tan escasos que consiguen que cada página sea honda y sincera e invite a la constante reflexión sobre cualquier asunto cercanamente humano.

Aquí, por ejemplo, en el “Prospecto” o prólogo hace un certero retrato sobre lo que es y significa el oficio del periodista. Hay en esas escasas páginas más saber que en un Grado completo de Periodismo.

Aparte, como buen cronista, Chaves Nogales nos cuenta con detalle cómo se viajaba a finales de los años 20. Pasa por Ginebra, Berlín, Praga, Viena, y su disección, breve e ingeniosa, de cada ciudad y nación son absolutamente deliciosas, y, ocho décadas después, muestran la lucidez de un espectador que ya preveía muchas de las cosas que, efectivamente, más adelante sucedieron.

En cuanto a la Unión Soviética, como siempre esforzándose por ser lo más imparcial posible, el escritor nos regala una visión contemporánea de un fenómeno afortunadamente caduco -o no-. Inteligente, culto, curioso e inquieto, en unos pocos capítulos describe aquel proyecto dictatorial y reflexiona sobre sus carencias y fuerzas. Curiosamente, afirma que “La gran fuerza del comunismo ruso radica hoy en el nacionalismo más exaltado”, revelador presagio de lo que poco más adelante seria la Alemania nazi, no tan lejana del estalinismo como nos quieren hacer pensar.

O dice: “El millón de comunistas es el millón de personas que hay en Rusia; el resto es ganado”. Pero no es este un libro contra la Unión Soviética. Chaves Nogales analiza, piensa y juzga con equidad, viendo las escasas virtudes del sistema y contrastándolas con las grandes carencias de “su” Occidente, quizás no tan lejano al “nuestro”.

Aunque transcurra en el extranjero, el libro es un certero análisis y una sagaz crítica de España, con una frescura, valor y lucidez dignos de encomio. Aprovecha su largo viaje para comparar aquella Europa con la España en la que vivía, la de Primo de Rivera, la inmediatamente anterior a la 2ª República y la Guerra Civil. Lo demoledor, como siempre que leo algún texto similar de la época, es que aquella España no nos queda tan lejos en muchísimos aspectos.

Hablando sobre unos emigrantes que viven y trabajan en Francia, afirma: “Ser español es hacer profesión de fe en el heroísmo, en el sacrificio. Todos estos españoles emigrados, prófugos en su mayoría, aman a España y se avergüenzan un poco de no haber tenido el heroísmo suficiente para seguir viviendo apegados a su terruños, de no haber sido capaces de soportar todos los sacrificios que la dura tierra española exige a sus moradores”.

Ocho años después el propio Chaves Nogales se vio obligado a huir de la barbarie bélica para morir en el exilio.

Hoy no hay intelectuales de su talla, de su imparcialidad, de su lucidez. Eso es triste. Pero aún nos quedan las obras de aquellos genios, tan fácil y monstruosamente aplicables a muchos de nuestros problemas. Si queremos algo de consuelo en la genialidad ajena, luchemos por rescatar del olvido sus nombres y sus palabras… así conseguiremos desterrar a los mediocres que dominan la actual tiranía cultural española.