Memorables LXVIII: Siete novias para siete hermanos

Resulta tremendamente extraño que en España, la tierra que vio nacer a Rafael de León o a Camarón de la Isla, “Morena Clara” o “El último cuplé”, el musical sea un género cinematográfico poco aceptado. Nuestro habitual sentido de la melodía y el ritmo no tiene correspondencia con este cine que muestra alegría, optimismo, evasión pura y dura.

Quizás este fenómeno se deba a que el cine musical más famoso es el de Hollywood, por tanto en inglés. Sin embargo, hay películas musicales que son soberbias lecciones magistrales de cómo hacer cine, como “Siete novias para siete hermanos”.

Dirigida por Stanley Donen, con música de Saul Chaplin y Gene de Paul, una magnífica dirección artística y un extraordinario elenco, cuenta una historia de amores, raptos y bailes dignas del teatro del absurdo. Divertidísima, si sobresale es gracias a sus muchos y espléndidos números musicales, como el de las mujeres en el desván o el de los hermanos cortando leña.

Pero la escena mágica de “Siete novias para siete hermanos” es la del baile en la fiesrta del pueblo, mágico número de danza y gimnasia bien avenidas que enfrenta a los Pontipee con los chicos locales por el amor de una chicas delicadas, risueñas y gráciles. Cada elemento de esta secuencia es magistral:

- Por un lado, la música es todo un tour de force para elevar el espíritu anímico del espectador. A ello se une una rotunda coreografía de movimientos sencillos pero llenos de fuerza.

- Las camisas de los hermanos son de colores vivos. Los vestidos de ellas, también coloridos pero con menos fuerza. Los de los rivales, grises y apagados. Toda una lección del vestuario al servicio del filme.

- Aunque se trate de un número musical, la secuencia va ganando en intensidad gracias al enfrentamiento de los machos para culminar en el grácil salto de las chicas hacia los brazos de sus elegidos.

- En lugar de jugar con el montaje, Donen tan solo usa largos planos largos que nos permiten disfrutar de los pasos de baile sin trampa alguna. Lo que importan son los bailarines. A pesar de ello, cada corte es un alarde de buen cine clásico.

Ver este número de baile de “Siete novias para siete hermanos” eleva el alma, reconforta el ánimo. Sin amaneramiento alguno, se demuestra que la música puede encajar perfectamente con el buen cine. Lástima que no todos disfruten de algo tan excepcional.

P.S.: Como suele pasar, en youtube no se encuentra el mejor baile del filme. Valga este otro número para mostrar cómo se hace buen cine.