Talento y esfuerzo

A Johann Sebastian Mastropiero le encargan una pieza musical para inaugurar un congreso de epistemología que se va a celebrar en La Sorbona. El infeliz compositor cree que es una pieza para las hormonas. A partir de ahí, escribe una cumbia epistemológica que, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, interpretan Les Luthiers para, desde un planteamiento completa y pretendidamente pedante, sacar carcajadas sencillas de un público siempre entregado a su maravilloso, único y regocijante sentido del humor.

He tenido la suerte de ver a Les Luthiers en directo desde hace más de dos décadas. Este quinteto argentino, creado en 1967, combina la música y el humor, y la creación de instrumentos inopinados, para ofrecer espectáculos asombrosamente divertidos. No hay nada parecido a ellos en todo el planeta Tierra. Lo más asombroso es que su público es de una heterogeneidad pasmosa: ancianos y niños, profesionales liberales y manuales, miembros de toda la sociedad al completo acuden en peregrinación cada vez que vienen a Madrid, ya sea con un espectáculo nuevo o con uno viejo.

En este caso han estrenado “Lutherapia”, que data de 2008, cuando fue representado por primera vez en Buenos Aires. A pesar de ello, su actualidad es rabiosa, pues no deja de lado la crisis que nos ocupa. Aunque básicamente el humor de Les Luthiers es blanco, eso no impide que haya un sinfín de maléficas insinuaciones y sugerencias contra los malvados del sistema. Irreverentes y críticos, son tan buenos que todavía no se han dado cuenta los de arriba de su capacidad para derribar prejuicios a partir de la risa.

Más allá de la música, que en este espectáculo vuelve a ser de gran calidad -hay un número esencialmente musical interpretado por un piano y un “bolarmonio” que es absolutamente magistral-, el humor de Les Luthiers es un homenaje al idioma. Sus juegos de palabras son interminables; cuando parece que ya no se puede dar más de sí, un nuevo giro enriquece el castellano-español y crea un nuevo gag. De ahí que sean capaces de crear una canción a partir del “tarareo conceptual” creado por Mastropiero.

Les Luthiers, antes que nada, simbolizan el poder cauterizador, renovador y balsámico de la risa. Aparte, los cinco argentinos son un ejemplo de gran talento puesto al servicio de una titánica dinámica de trabajo que les permite ir creando sin parar desde hace casi medio siglo.

A pesar de todo, Les Luthiers no dejan de ser un grupo minoritario. Son pocos los que les conocen, aunque sean fieles y dedicados en su seguimiento. Sin embargo, la calidad de sus espectáculos, la fuerza de su música, la magia de su humor, les hacen merecedores de una fama mucho mayor. Algo difícil en tiempos de “Sálvame” o “Gandía Shore”. Si este mundo fuese más justo Les Luthiers serían un espectáculo de masas. Si quisiésemos crearlo, deberían ser de estudio obligatorio en escuelas, institutos y universidades. Con uno solo de sus números se aprende mucho más que en cuatro años de ESO. Y eso sí que dice mucho de ellos y poco de nosotros.

dmago2003@yahoo.es