Mitos olvidados II: Veronica Lake

Con apenas 1,51 centímetros de estatura, Veronica Lake, a principios de los años 40, logró convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood. Guapísima, con enorme sex-appeal potenciado por su rubio platino, la pequeña actriz se hizo sitio en el apretado olimpo del cine.

Su incomparable fama apenas duró un lustro. Pero volvió locos a multitud de hombres, y fue una de las actrices más deseadas por los combatientes norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, mitad culpa del alcohol, mitad culpa de una mala selección de guiones, su estrella se apagó de manera tan fulgurante como se había encendido.

Hasta tal punto llegó su declive que llegó a trabajar de camarera. Su examante Marlon Brando, al enterarse, le envió un cheque de mil dólares que ella nunca cobró, aunque lo mostraba orgullosa a los pocos amigos que le quedaban. Murió a los 50 en el más completo anonimato.

Sin embargo, en la carrera de Veronica Lake existen algunos títulos imprescindibles, en especial “Los viajes de Sullivan”, el único fácilmente conseguible en las tiendas al uso. Por el contrario, títulos como “Contratado para matar”, “La llave de cristal”, “Me casé con una bruja”, “Sangre en Filipinas” –puro cine de propaganda bélica–, “Detengan a esa rubia” o “La dalia azul” son terriblemente difíciles de encontrar.

El resto de la filmografía de la actriz es más que mediocre. Cuando estaba en plenitud, empero, Veronica Lake sigue siendo una de las más magnéticas presencias del séptimo arte. Su estrella merece algo más que ser un nombre olvidado, sobre todo si tenemos en cuenta el declive que sufrió en vida y su capacidad para hacer soñar a unos soldados que ganaron una guerra.