Memorables LIX: Con faldas y a lo loco

Escribir sobre películas como “Con faldas y a lo loco” y no caer en el tópico es imposible. Es una de esas obras maestras del cine de la que se han escrito demasiadas cosas. A veces, no obstante, es necesario homenajear a las mejores comedias para darnos cuenta de que este es el más difícil de los géneros.

Billy Wilder, el director, fue el único que se atrevió a rodar dos filmes con Marilyn Monroe. El primero fue “La tentación vive arriba”. Iba a rodar “Con faldas y a lo loco” con otra actriz, pero en cuanto la estrella rubia estuvo disponible, Wilder no dudó: no había nadie como ella para encarnar a Sugar “Kane” Kowalczyk.

El rodaje, por culpa de Marilyn, fue infernal. Llegaba siempre dos o tres horas tard, era enormemente caprichosa, e incluso se olvidaba de frases como “Soy yo, Sugar”, obligando a rodar una escena más de 50 veces. Además, por aquel entonces estaba embarazada, y en ocasiones fue doblada por otras actrices –sobre todo en las fotos promocionales– porque su cuerpo resultaba en exceso rotundo. Sin embargo, el resultado final fue quizás la mejor película de Wilder.

Sin embargo, el primer visionado con público fue un fiasco. Wilder no quiso cambiar una coma; sabía lo que tenía entre manos. Eligió un barrio más abierto –el filme fue severamente condenado por los católicos estadounidenses– y el público ovacionó a sus responsables al final de la proyección.

“Con faldas y a lo loco” se rodó en blanco y negro, a pesar de las pegas de Marilyn, porque el grueso maquillaje de Tony Curtis y Jack Lemmon adquiría un tono verdoso. Los dos hicieron una prueba de vestuario en el estudio, se maquillaron en el baño femenino del mismo, y no hubo ninguna queja: el disfraz era perfecto. Como el guión, escrito por el propio Wilder y I.A.L. Diamond.

Curiosamente, la escena final, con el remate “Nadie es perfecto”, era lo que menos gustaba a los guionistas. Dejaron la frase para comenzar el rodaje pero pensaban cambiarla más adelante. Al final, cuando la dijo Joe E. Brown, se convirtió en un momento memorable para cerrar una comedia magistral, una de las pocas que consigue competir en esas listas pedantes realizadas por pedantes sobre las mejores películas de siempre.

“Con faldas y a lo loco”, empero, tiene una gran ventaja sobre cualquiera de ellas. Se puede ver infinitas veces sin cansancio alguno. Es más, cada nueva visita supone una nueva sorpresa, un inesperado placer, una sucesión ininterrumpida de carcajadas. Wilder en estado puro, con la mayor diva de la Historia.