Memorables L: El sexto sentido

Con su mezcla de terror psicológico y de fantasmas, melodrama de niño inadaptado y trama detectivesca, unido a sus muchos y buenos sustos sostenidos sobre unos espléndidos efectos sonoros, “El sexto sentido” se convirtió en una de las más gratas sorpresas de 1999. Bruce Willis volvió a demostrar su habilidad a la hora de escoger guiones y conocimos a Haley Joel Osment, otro de esos niños prodigio de carrera meteórica y fugaz.

Además, “El sexto sentido” dio a conocer al mundo a M. Night Shyamalan, director nacido en India pero criado en Filadelfia y, que en los años siguientes –antes de perder el norte–, continuó escribiendo magníficos guiones –“El protegido”, “Señales” y “El bosque”– para contar historias de apariencia sencilla, sustos tremebundos y finales tan sorprendentes como sólidos y convincentes.

La trama de “El sexto sentido” resultó completamente original: un niño ve muertos y un psicólogo con aires de detective inicia el tratamiento hasta que se convence de que no son visiones lo que tiene el niño. Así, de sobresalto en sobresalto, con un delicado dominio de los momentos más dramáticos, transcurre la película hasta llegar al final, tan sorprendente que la primera vez que la vi me pregunté si acaso me habían tomado el pelo.

Pero no. “Los muertos no saben que están muertos” es la frase clave para entender todo lo que pasa en el filme. Y la calidad de este se basa en su magníficamente trabajado guión, pues Shyamalan siempre ha sido mejor escritor que director.

Aun así, con “El sexto sentido”, su primer largometraje con sello personal, consiguió lo que algunos nunca logran: una de las escenas –“En ocasiones veo muertos”– pasó inmediatamente a la Historia del cine. Osment y Willis bordan un momento que, difícil de superar, tan solo ha sido objeto de infinitud de parodias. Prueba de su genialidad.