Que nadie se mueva

Estos días, en ocasiones, tengo la sensación de estar viviendo un mal sueño. Es evidente que las cosas van mal, pero tan solo se habla –y mucho, de temas tan peregrinos como el juego de la selección española, de un claustro románico castellano en Palamós, de viajar a costa del presupuesto, de bonos basuras y primas de riesgo…– sin que nunca nadie parezca hacer nada. Me siento rodeado por un ambiente surrealista que me recuerda a la narrativa de Denis Johnson.

Este norteamericano saltó a la fama en los 80 gracias a “Ángeles derrotados”, novela que cuenta las desventuras de una pareja moderna de desperados que, cual Bonnie y Clyde redivivos, inician un viaje absurdo lleno de caóticos atracos y falsas persecuciones. Desde su debut, Johnson fue comparado con escritores como Bukowski, Burroughs y otros desmitificadores del sueño americano, más bien creadores de una pesadilla increíble mas tremendamente cercana a la realidad.

Pasaron los años, y Denis Johnson se quedó estancado. Hasta hace 5 años, cuando publicó “El árbol de humo” y ganó numerosos premios gracias a su crítica de la CIA y de la guerra del Vietnam. En este caso, un joven idealista crea otro mundo de ensueño para justificar la presencia norteamericana en Indochina. Todo parece mentira, pero todo termina siendo verdad.

Acabo de terminar “Que nadie se mueva”, la última novela de Johnson publicada en España. De nuevo una improbable pareja huye de todo y nada mientras uno se consume en una monumental e interminable resaca y el otro se sumerge en el juego para evitar huir de sus propios fantasmas. Con mucho humor, de nuevo el sueño americano se derrumba para mostrar un ambiente absurdo que, sin embargo, resulta insoportablemente cercano. Con tintes de novela negra, el escritor parece jugar con nosotros al más imposible todavía sin que sepamos muy bien si reír o echarnos a temblar.

Este mundo que mezcla lo improbable con lo real es a lo que me recuerda la realidad que nos rodea en España en estos momentos. Es difícil creer lo que nos está pasando. Y, empero, está ocurriendo. Mientras tanto, todo el mundo habla y habla pero nadie parece preocupado en coger al toro por los cuernos, en ponerle el cascabel al gato, en echarle un par de narices al asunto para ver si algo se puede salvar del naufragio nacional.

En cualquier caso, huyendo de la analogía, Denis Johnson es otro autor al que leer para olvidarse durante un rato de la surreal realidad. Escritor mayúsculo, completamente original, tan gamberro como Chuck Palahniuk pero mucho más ameno, es perfectamente recomendable para elegir dentro de la mediocridad editorial imperante en este país donde nunca pasa nada aunque esté ocurriendo de todo.

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