Tercera serie

“Grandes y leales son los libros. Gracias a ellos, ningún vacío de nuestra existencia deja de amenguarse un poco. Leemos, y lentamente caen sobre nuestra alma gotitas de un bálsamo consolador”.

Quien esto suscribe es Fernando Calpena, protagonista de la tercera serie de los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós que, en parte por la presión popular, en parte porque ya había pasado suficiente tiempo para abordar el reinado de Isabel II, retomó la que, junto a “Fortunata y Jacinta”, constituye su obra maestra, una de las más grandes obras literarias de todos los tiempos.

A finales del siglo XIX, curtido como escritor, dominador de todas las técnicas narrativas, desesperanzado por el devenir de su querida España, Galdós volvió a contar en diez episodios una historia de folletín romántico que, también, nos acerca a la Historia que lleva desde el comienzo de la primera guerra carlista hasta el matrimonio de Isabel II con su no muy masculino pariente.

Junto a críticas literarias de Goethe, Chateaubriand, Larra o Espronceda, nos encontramos parodias del peor romanticismo, muestras de la más genial novela histórica, diálogos de sumo ingenio, momentos cómicos y, sobre todo, una magistral pluma que, con su gracia y ligereza, consigue paliar la enorme tristeza que genera en Galdós la España de su tiempo –no muy diferente en vicios y carencias a la retratada en la serie– contemporánea a la entonces incipiente generación del 98.

“¿Pero España es así y ha de ser siempre así? ¿Es en ella mentira la verdad, farsa la justicia, y únicos resortes el favor y el cohecho?”. No es un indignado el que dice esto. ¿O es que Galdós fue el primero de los indignados, con el permiso de Larra?

La primera vez que devoré la Tercera Serie, justo después de las dos primeras, me quedé un poco desencantado. Ahora que he vuelto a ella, creo que es tan magistral como aquellas, solo que menos lineal, más fragmentaria en protagonismos y técnicas, aunque de una unidad inquebrantable, porque debe leerse completa, seguida, si no se quiere alterar el argumento, si se quiere disfrutar al completo de la genialidad del escritor madrileño, canario tan solo por nacimiento.

Junto a episodios epistolares como “La estafeta romántica”, que tiene más de novela romántica que de histórica, se encuentran crónicas fieles y sagaces como “Zumalacárregui” o “Bodas reales”. A pesar del pesimismo del fondo, se nota que Galdós volvió a disfrutar del invento, porque a la postre el conjunto es un soberbio festín literario sin parangón en la literatura de ningún otro país.

Aun así, es terrorífico el episodio de “La campaña del Maestrazgo”. Los cristinos decidieron fusilar a la madre de Cabrera. A partir de ahí, los fusilamientos en masa llenaron de cadáveres las cunetas de los caminos.

“España se desangra, España se aniquila. Asisto al suicidio de una nación. Sepultémosla en su propia tierra”, afirma Beltrán de Urdaneta, anciano vividor –otro de los memorables protagonistas de la serie– que, ante el desolador espectáculo de la guerra, cae en un pasmo de absoluto nihilismo.”Destruyendo media España, aseguraba el imperio de la otra media”. ¡Quién iba a decirle a Galdós que, un tercio de siglo más tarde, sus palabras iban a tener aún más vigor!

Los “Episodios Nacionales”, desde el primero hasta el último, son una obra magna de la literatura universal. Sus cinco series son novelas completísimas donde conviven la ficción y la Historia. Su creador, Galdós, debería ser mucho más en nuestro imaginario colectivo. Pero todo eso da igual. Lo importante es que sus libros nos consuelan, a pesar de su, en ocasiones, terrorífico contenido. Grandes y leales, nos recuerdan que ya en otros tiempos estuvimos inmersos en una enorme cloaca. Lo más aterrador es que muchas de las citas de Galdós son completamente actuales en esta nuestra España, la de los tristes destinos.

“Desgraciada era entonces España; pero tenía hombres”.

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