Sobreexplotando aliens

Cuando, en 1997, vi la primera escena de “Men in black”, me sorprendí enorme y gratamente. Tommy Lee Jones, hierático, detiene un vehículo lleno de inmigrantes ilegales. Separa a uno y lo lleva lejos de las miradas de los demás. Le obliga a quitarse el disfraz… y resulta ser un extraterrestre, en principio pacífico. Pero, cuando les ve un policía normal, se vuelve loco y Jones tiene que desintegrarle. Luego, con un pequeño artilugio, borra la memoria del poli. Súbitamente, se nos abrían las puertas a un mundo nuevo, lleno de alienígenas y un cuerpo de seguridad enchaquetado dispuesto a proteger la Tierra.

Eran otros tiempos. Han pasado quince años. Y, entre inventos como “Matrix”, la ingente sucesión de pelis y series sobre vampiros y hombres “bobo”, la explotación sistemática de los superhéroes del cómic y el efecto especial al servicio de la ciencia ficción inane, han conseguido que cualquier elemento que supusiera sorpresa en el siglo XX se haya convertido en algo cotidiano y previsible, completamente cercano a nuestra manera de ver las diferentes pantallas.

Tal ha sido la explotación de estos géneros de fantasía que “Hombres de negro III”, que acaba de estrenarse en España, tiene que recurrir a un viaje en el tiempo para, desde 1969, intentar colocarnos algo nuevo al decir, por ejemplo, que Andy Warhol era un man in black encubierto rodeado de acólitos extraterrestres. Tiene su gracia, pero no deja de ser algo completamente anodino dentro de un filme que ha perdido la principal virtud de sus dos predecesoras: la sorpresa.

Aun así, hay que reconocer que la franquicia de los hombres de negro, con su fusión de acción y humor, es de las series cinematográficas de mayor calidad de los últimos tiempos. Con un Will Smith en su papel, a saber, de payasete con vis cómica y cualidades estelares, Tommy Lee Jones haciéndole de clown, unos buenos secundarios –Josh Brolin, Emma Thompson, Jemaine Clemente, etc.– y muchos gags divertidos, no se puede negar que el filme se deja ver sin esfuerzo.

El problema es que, más allá del puro divertimento, la fórmula de convertir lo extraordinario en algo de lo más normal no tiene pegada a partir del tercer envite. La naturaleza humana, la de siempre, es infinita, pero lo interestelar, dentro de su falsedad, termina siendo demasiado lejano en su exceso de cercanía.

Por eso, el director Barry Sonnenfeld y su equipo han intentado darle vigor a partir de una superpoblación de persecuciones, tiros, explosiones y demás elementos que hacen las delicias del gran público. En 3D, además, si se tienen dinero y ganas de pagar la carísima entrada. Por si fuera poco, el guión introduce un elemento ternurista buscándole un drama familiar al personaje de Will Smith, como si este fuese algo más que un gracioso sacado de un cómic para vencer amenazas de otros planetas.

No hay nada que reprochar a un filme que da lo que ofrece. En cualquier caso, con “Hombres de negro III” he sentido por primera vez cierto hastío ante lo que nada aporta desde que ya perdimos cualquier capacidad de sorpresa ante lo extraordinario. Seguramente lo recuperemos cuando las grandes amenazas vuelvan a ser terrestres y los protagonistas personajes de carne y hueso con algo más que ingenio para soltar un par de frases graciosas y mucho más que un inopinado valor ante situaciones que resultarían imposibles incluso dentro del teatro del sumo absurdo.

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