Memorables XLVII: El hombre que mató a Liberty Valance

En 1962 John Ford rodó “El hombre que mató a Liberty Valance”, homenaje al western en plena decadencia y a los intrépidos hombres de frontera que, con el progreso, fueron desapareciendo para dar paso a nuevos héroes de levita y maletín. Mezcla de géneros, con un guión perfecto que da muchísimo peso a unos inolvidables secundarios y una fotografía sobrecodora, esta obra maestra concluye con los seguramente últimos mejores siete minutos de la historia del cine.

Ranson Stoddard (James Stewart) va a ser elegido representante del territorio para pedir en Washington su conversión en estado de la Unión. No puede aceptar, porque su fama se basa en haber matado a un hombre. Los remordimientos le consumen. Entonces, Tom Doniphon (John Wayne), su rival por el amor de Hallie (Vera Miles), llega hasta él para realizar un sacrificio sobrehumano.

El humo de un cigarrillo da paso a al decisivo flashback que nos descubre que no fue Stewart el hombre que mató a Liberty Valance. Luego, el corpachón de Wayne tapa la pantalla para finalizar dicho flashback. Esta memorable delicadeza (John Ford, en cada película, nos regala multitud de geniales detalles como este) es el inicio del imepcable final.

A partir de ahí, las escenas se suceden creando constantes momentos climácicos que golpean, emocionan y asombran al espectador. Doniphon, por el amor que siente hacia Hallie, le revela la verdad a Ransom Stoddard, aunque eso suponga perderla para siempre. Heroica renuncia que remata con “Tú le enseñaste a leer y escribir. Ahora dale la oportunidad de que tenga qué leer y escribir”, justo antes de, como en “Centauros del desierto”, quedarse al otro lado de la puerta, lejos de la civilización, solitario y hundido en el caduco salvaje oeste.

Entonces, Stoddard anciano, senador de los Estados Unidos, da por concluida la historia que ha contado a tres periodistas, que guardarán el secreto. Todo por el bien de la patria. El senador va a ver el ataúd de Doniphon; sobre él, una flor de cactus como las que el vaquero regalaba a Hallie cuando aún pensaban que estaban enamorados. Ford borda el lirismo con un sencillo plano maestro mientras suena la espléndida banda sonora de Cyril J. Mockridge.

Pero aún hay más. En el tren de regreso a Washington, de nuevo un magistral golpe de efecto. Stoddard ha hecho carrera gracias a una legendaria mentira, el haber matado al bandido que encarnó impecablemente Lee Marvin. Y eso pesa en el ánimo del viejo matrimonio.

El hombre que mató a Liberty Valance” es una película deliciosa, imprescindible, única, perfecta. Más que un western, es una profunda reflexión sobre el progreso, la renuncia y el heroísmo silencioso. Y eso siete minutos finales, con la flor de cactus como culmen, son de una belleza sobrecogedora que crece con cada visionado.