Mitos de veras XXXIV: John Travolta

Estaba a punto de iniciar, con John Travolta, una nueva sección sobre mitos de dudosa condición. Alguien que es capaz de intervenir en una patochada como “Campo de batalla: la Tierra”, de elegir tan descomedidamente sus filmes, de ser tan excesivo, quizás no se merezca la condición de leyenda cinematográfica. Pero entonces recuerdas a Tony Manero o Danny Zuko, y no te queda ninguna duda: es un mito en estado puro.

John Travolta, de una familia humilde New Jersey, sacudió al mundo entero cuando interpretó al perfecto macarra de discoteca en “Fiebre del sábado noche” y al de instituto en “Grease”. En ese tipo de papeles nadie le ha superado. Con su andar chulesco, su pose insolente con un deje, en el fondo, de fragilidad, con sus maneras del yerno que nadie querría se convirtió en una leyenda tan sólida que nunca ha conseguido quitarse de encima el peso de aquellos dos papeles.

Algo que en los 80 le llevó al olvido casi completo. Sólo su paso por “Mira quién habla” es digno de recordatorio. Y otra vez al paro. Hasta que Quentin Tarantino le dio otro papel memorable, en “Pulp Fitcion” (realmente mola más cuando tiene algún baile). Renació así la vieja figura, que desde entonces cogió todos los guiones que le pusieron en sus manos.

Por eso, junto a buenas pelis como “Cómo conquistar Hollywood”, “Phenomenon”, “La hija del general” u “Operación Swordfish”, se encuentran muchos títulos de pésima calidad en los que, generalmente, Travolta hace de malvado salido de la sala de los histriones del instituto Rydell.

Aun así, a pesar de que su filmografía, demasiado larga, sea bastante irregular, Travolta posee el aura de las grandes estrellas. Su sola presencia basta para llenar pantalla, un simple gesto suyo basta para compensar el precio de la entrada. En “Cara a cara”, “Acción civil” o “Hairspray”, él es el elemento que salva la función.

Aunque todo se deba seguramente a que no podemos olvidar sus dos enormes papeles de los 70, lo cierto es que John Travolta es uno de los grandes mitos de los últimos tiempos. Para lo bueno y para lo malo, aunque no de manera tan desigual como para iniciar una nueva sección.