Los espadones románticos

La buena literatura histórica puede, en cuanto a placer lector, estar a la altura de la novela, el teatro, la poesía o el ensayo. Cierto es que encontrar a historiadores de genial pluma es difícil: Heródoto, Tucídides, Gibbon, Bengtson… en ese sentido seguramente el mejor libro histórico del siglo XX es “Historia de Roma”, de Indro Montanelli, una joya en todos los sentidos. Aun así, aunque el escritor no sea genial, la Historia, además de formativa, puede ser divertidísima.

Por si fuera poco, la Historia de España es sumamente entretenida. Si no fuera porque aquí sólo miramos a la Guerra Civil –la del XX, se entiende, que hubo muchas más– y a la represión franquista, nos daríamos cuenta de que nuestro pasado es, como argumento, mejor que la gran mayoría de las tramas novelísticas. En especial, el siglo XIX, cuando reyes ineptos, militares ambiciosos, políticos arribistas, oscuros reaccionarios, disparatados revolucionarios, unos pocos auténticos liberales y un pueblo animoso y bullanguero protagonizaron un caos digno de un culebrón venezolano. De hecho, cuando Galdós noveló sus “Episodios Nacionales” consiguió la mejor obra de literatura histórica que se conoce en todo el mundo.

Acabo de leer estos días “Los espadones románticos” de Fernando Fernández Bastarreche, profesor de la Universidad de Granada, editado por Síntesis. Sin ser una obra de arte, incluso siendo de prosa algo ramplona, es un libro muy ameno que cuenta de manera clara, concisa y directa la vida, obra y milagros de los cinco generales –Espartero, Narváez, O´Donnell, Serrano y Prim– que marcaron el reinado de Isabel II y el Sexenio Revolucionario.

A partir de un ordenado repaso a sus respectivas carreras militares, políticas y personales, “Los espadones románticos” es un resumen fiable y enjundioso de gran parte de nuestra historia decimonónica. Es un libro magnífico en lo académico, y realmente recomendable para acercarse al siglo XIX, desmitificar algunas leyendas –de las que en gran parte es responsable el propio Galdós (aunque no se le lea)–, entender cómo se fueron sentando las bases de nuestro también caótico siglo XX o simplemente disfrutar una tarde delante de una espléndida lectura.

Existe cierta alergia a introducirse en la Historia, la Filosofía, el Arte… como meras lecturas. Cierto es que algunos tochos son infumables, nada recomendables. También es cierto que la mayoría de nuestros últimos libros históricos suelen servir más a intereses políticos que a la verdad. O que hay mucho ignorante que publica cualquier cosa sin ningún fundamento. Pero aún quedan un par de buenos historiadores capaces de contar cosas ciertas de un modo imparcial, agradable e inteligible.

En esa línea se sitúa “Los espadones románticos”. Sin tener una prosa limpia, ni correcta, se lee con soltura. Y con gran deleite. Nuestro siglo XIX, ya que apenas se toca con profundidad en los planes de estudios, debería ser conocido por todos, no solo por su interés “culebronesco”, sino porque ya entonces ocurrían cosas similares a las actuales. El profesor Fernández Bastarreche ha escrito un buen libro al alcance de todos. Un complemento perfecto para los “Episodios Nacionales” y los muchos y grandes libros que, históricos o no, se han publicado sobre nuestro apasionantemente deprimente siglo XIX.

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