Letras para otro país

Esta semana hemos celebrado el bicentenario de la Constitución de 1812, nacida con las mejores intenciones para inmediatamente morir por culpa de un rey incapaz y malvado, un pueblo ignorante y unos políticos que ya entonces se preocupaban de lo suyo y no de lo de todos. Ni con Fernando VII ni durante el Trienio Liberal “La Pepa” fructificó, víctima de traiciones, cobardías e iniquidades diversas. A la postre hemos celebrado los 200 años de un aborto.

España siempre ha sido un país experto en desperdiciar su enorme riqueza, tanto material como espiritual e intelectual. Las Cortes de Cádiz podrían haber marcado el comienzo de otro país, completamente diferente, amante de la libertad y no hijo de la envidia y el egoísmo. Esa malograda Constitución no es lo único que hemos abandonado por el camino.

Sólo pensando en literatura, podríamos acordarnos del marqués de Santillana, del arcipreste de Talavera, de Lope de Rueda, de los magistrales poemas de Juan Boscán, Fernando de Herrera o Francisco de Aldana, llamado “El Divino” por Cervantes; o de Diego Hurtado de Mendoza, Juan Ruiz de Alarcón, Agustín Moreto o Sor Juana Inés de la Cruz que, aunque nacida en México, en su época era española y así lo demostró con bellísimos poemas.

Si hablamos de olvidos, no podemos olvidarnos del Lope de Vega poeta, del Góngora de los romances populares, del Góngora sonetista, del Quevedo prosista… del padre Feijoo, del padre Isla, del Jovellanos cultivador de la mejor prosa ensayística española, de José Cadalso, de los cuentos de Pedro Antonio de Alarcón, de los artículos de Juan Valera o “Clarín”, de Ángel Ganivet y su Pío Cid, sus “Cartas finlandesas” o su “Idearium español”, tan actual.

¿Y qué decir de las espléndidas novelas de Blasco Ibáñez, de la sutileza de Ramón Pérez de Ayala, del dominio escénico de Jacinto Benavente, de la profundidad en todos los terrenos del excelso Salvador de Madariaga, del gamberrismo estético de Emilio Carrere, de la prosa alucinógena de Max Aub y su “Laberinto mágico”, de los cuentos de Ignacio Aldecoa…?

Y son tan solo algunos pocos nombres de los muchos completamente olvidados o reducidos a una mera cita en algún que otro libro de texto. Suficientes para crear una literatura grandiosa para un país inexistente, quizás nacido de esa nunca aplicada constitución de hace 200 años. Hemos desperdiciado tanto, que podríamos sostener culturalmente un continente. Pero, para no ser utópico, me conformaría con que se leyesen aquellos que presuntamente no hemos olvidado: Juan Ruiz, Cervantes, Galdós, Unamuno, Baroja… Sería un buen comienzo para recuperar el espíritu de 1812.

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Daniel Martín