Mitos de veras XXVI: James Stewart

Ahora que todos los actores parecen cortados por el mismo patrón y, por muy guapos que sean, carecen de personalidad y carisma, los productores de Hollywood deberían fijarse en James Stewart que, sin tener aparentemente nada más que su desgarbada figura, es el paradigma de las viejas estrellas de Hollywood, capaces de bordar cualquier género con una desbordante presencia en pantalla.

Seguramente no exista ningún otro actor con una filmografía tan variopinta, completa y excelente. Grandísimo actor, a pesar de su aspecto James Stewart podía ser el más duro del western como en “Horizontes lejanos” o “Dos cabalgan juntos”, donde además va de chulo y mantenido. Pero si John Ford quería algo diferente, en “El hombre que mató a Liberty Valance” el actor de Pennsylvania era ejemplo de integridad y vulnerabilidad al servicio de la mejor de las causas.

Además, James Stewart personificó el mito del New Deal de Frank Capra en “Caballero sin espada” y “¡Qué bello es vivir!”. Aunque fuese más feo, compitió con Cary Grant en “Historias de Filadelfia” por Katharine Herpburn y por ser el mejor actor al servicio del mal director de actores que fue Alfred Hitchcock, con el que rodó varios títulos como “El hombre que sabía demasiado”, “Vértigo” o “La ventana indiscreta”.

Sin embargo, su carrera es muchísimo más amplia de lo que puede abarcar este artículo: “El hombre de Laramie”, “El mayor espectáculo del mundo”, “Músicas y lágrimas”, “El bazar de las sorpresas”, “Vive como quieras”, “El invisible Harvey” o “Anatomía de un asesinato” son solo algunos de los títulos de las espléndidas películas en las que la presencia de Stewart es condición necesaria, a veces suficiente, para llegar a la excelencia.

A primera vista, nadie daría un euro por James Stewart como grandísima estrella. Con el paso del tiempo, empero, su figura continúa creciendo para por siempre ser una de las más fulgurantes estrellas del cine. Ya no existen actores de su talla, seguramente porque fue único.